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Los actores que definen la secuencia de un cambio en Cuba

Opinión

Le queda al régimen renunciar al papel hegemónico del único partido permitido e intentar una apertura real, aunque parezca un cambio fraude

Las partes más dinámicas de la contradicción son, a mi juicio, los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos a pesar de que la contradicción fundamental radica entre la población y la dictadura. / EFE
Reinaldo Escobar

28 de mayo 2026 - 07:25

La Habana/Tres actores protagonizan hoy el drama cubano: la dictadura en el poder, la población y los factores externos.

Aunque el régimen quiere dar la impresión de que es una estructura monolítica, basta con citar sus diferentes denominaciones, o tal vez máscaras, para percibir las sutiles diferencias: el Partido, los militares, el clan familiar, el Estado, el Parlamento, los órganos de la Seguridad del Estado. Sobre cada uno de ellos cae la sospecha de ser los que están gobernando el país.

Donde dice “la población” pudiera decirse los ciudadanos, pero esa denominación debe reservarse para aquellas agrupaciones humanas donde sus miembros están empoderados para interpelar al poder, organizarse según sus preferencias y con alguna periodicidad acudir a las urnas para premiar o castigar a los políticos. También pudiera decirse “el pueblo”, pero ese es el sujeto que asalta los palacios del Gobierno. De momento se nos reduce a ser los habitantes de esta Isla. Aquí nadie se pregunta cómo van a reaccionar los sindicatos ni qué van a hacer los estudiantes.

Donde dice “la población” pudiera decirse los ciudadanos, pero esa denominación debe reservarse para aquellas agrupaciones humanas donde sus miembros están empoderados para interpelar al poder

Solo de manera intuitiva y haciendo un enorme esfuerzo para despojarse de las creencias, se pueden delimitar los campos de la población para ubicar de un lado a los simpatizantes con el proceso y al otro a los inconformes. 

Un estudio más detallado desglosaría a los simpatizantes en diferentes estamentos: los marxistas-leninistas, convencidos de que el socialismo es el camino correcto; los que por alguna razón se sienten beneficiados; los oportunistas de siempre y los que por inercia obedecen y marchan hacia donde se les ordene.

El campo de los inconformes es igualmente variado: los anticomunistas, convencidos de que el socialismo como doctrina es la ruina de los pueblos; los perjudicados por alguna ley o medida tomada en los últimos 67 años y los que sufren las consecuencias inmediatas (escasez, apagones, desconexión) pero que todavía no tienen “la conciencia política” para participar en alguna iniciativa claramente opositora, donde milita una indiscutible minoría.

Los factores externos también van en dos bandos: de un lado, el Gobierno de Estados Unidos ejerciendo su enorme poder económico diplomático y militar para exigir la capitulación de la dictadura; le acompañan tímidamente algunos países democráticos de América Latina y las indecisiones de la Unión Europea donde prevalece aún la creencia de que los pactos y convenios suscritos pueden abrir un camino a la democratización.

Del otro lado, con un compromiso menos explícito, están Rusia, China e Irán, con sus declaraciones de irrestricto apoyo al régimen de La Habana, y, entre los vecinos, la mano solidaria de México, Colombia y Brasil a lo que se suma un semillero de organizaciones de ropaje progresista dedicados en lo fundamental a enfrentar, muchas veces con violencia, las manifestaciones de los exiliados cubanos en el extranjero. De este capítulo de los factores externos llegan envíos de alimentos y medicinas, donaciones en efectivo, instalaciones de energía solar y sobre todo aplausos. Son los negacionistas de la necesidad de un cambio político. Unos por necesidades estratégicas, otros porque no quieren darse cuenta de cuán ilusoria es su ilusión sobre Cuba.

Del vecino del norte, que se debate en los límites de hasta dónde debe llegar su injerencia, se espera sensatez política y confianza en la población, que cansada de su condición de habitante, está ansiosa de convertirse pacíficamente en ciudadanía

De este paralelogramo de fuerzas donde cada uno tira y empuja hacia direcciones diferentes habrá que esperar un resultado.

Las partes más dinámicas de la contradicción son, a mi juicio, los gobiernos de Cuba y de Estados Unidos a pesar de que la contradicción fundamental radica entre la población y la dictadura.

Le queda al régimen renunciar al papel hegemónico del único partido permitido e intentar una apertura real, aunque parezca un cambio fraude.

Del vecino del norte, que se debate en los límites de hasta dónde debe llegar su injerencia, se espera sensatez política y confianza en la población, que cansada de su condición de habitante, está ansiosa de convertirse pacíficamente en ciudadanía, pero a punto de reaccionar iracunda como pueblo.

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