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El 63% de Cuba se queda sin luz este sábado, un récord en apagones programados

Cuba

La falta de combustible y las averías en las plantas de generación llevan al sistema eléctrico a su nivel más crítico

El sector energético arrastra décadas de infrafinanciación, falta de mantenimiento y ausencia de inversión estructural. / 14ymedio
14ymedio

31 de enero 2026 - 16:10

La Habana/Ni el tono optimista ni los esfuerzos en aparentar calma de Bernardo Espinosa –el periodista del oficialismo encargado de presentar el parte diario de los apagones– logran ocultar la magnitud de la crisis. Este sábado, Cuba afrontará cortes eléctricos durante toda la jornada que afectarán de forma simultánea hasta al 63% del país en el momento de mayor demanda, el porcentaje más alto registrado hasta ahora.

Aunque la Isla ha sufrido en otras ocasiones apagones masivos y caídas abruptas del sistema, la cifra anunciada por la empresa estatal Unión Eléctrica (UNE) marca un récord dentro del esquema de afectaciones programadas. Se trata del segundo máximo documentado en lo que va de enero, ya que hace apenas diez días se previó una afectación del 62%. También es el peor dato desde 2022, cuando comenzaron a divulgarse de forma sistemática las cifras oficiales sobre los cortes eléctricos.

Lejos de un colapso imprevisto, el Gobierno reconoce que más de la mitad del país será desconectado de manera planificada, una admisión implícita de que el sistema energético pierde capacidad cada día para sostener la demanda básica y ya no bastan los esquemas de racionamiento.

Desde mediados de 2024, Cuba atraviesa una crisis energética agravada por las frecuentes averías en sus obsoletas centrales termoeléctricas y por la falta de divisas para importar el combustible necesario para sus plantas de generación distribuida. A ese panorama se han sumado en las últimas semanas la pérdida de Venezuela como principal fuente de suministros y las presiones sobre México, que han terminado de estrechar el margen de maniobra de las autoridades.

La cifra anunciada por la empresa estatal Unión Eléctrica marca un récord dentro del esquema de afectaciones programadas

Para el horario pico de este sábado –la franja de la tarde-noche– la UNE calcula una capacidad de generación de apenas 1.160 megavatios (MW), frente a una demanda máxima estimada en 3.040 MW. El déficit, la brecha entre la energía disponible y la necesaria, alcanzará los 1.880 MW, mientras que la afectación programada, es decir, la cantidad que será desconectada deliberadamente del sistema, llegará a los 1.910 MW.

Detrás de esas cifras hay un sistema termoeléctrico exhausto. Ocho de las 16 unidades de producción operativas permanecen fuera de servicio por averías o mantenimientos. Esta fuente de generación aporta, en condiciones normales, alrededor del 40% del mix energético del país, por lo que cada fallo tiene un impacto inmediato en el suministro.

Espinosa insistió en que la central termoeléctrica Antonio Guiteras estará fuera de servicio solo durante un período estimado de 96 horas. Sin embargo, el ingeniero Félix Estrada, director del Despacho Nacional de Carga, se mostró mucho menos seguro de que los trabajos concluyan dentro del plazo anunciado, una cautela que refleja la experiencia acumulada de retrasos y cronogramas incumplidos.

En paralelo, la UNE ha dejado de publicar un dato clave en sus informes diarios: el número de centrales de generación distribuida –los motores– que no están operando por falta de combustible o lubricantes. La omisión impide medir con precisión el impacto del fin del petróleo venezolano, aunque el resto de los indicadores apunta a un aumento sostenido del número de motores paralizados hasta cifras récord.

El sector energético arrastra décadas de infrafinanciación, falta de mantenimiento y ausencia de inversión estructural, todo ello en un sistema controlado por el Estado desde 1959, sin transparencia ni rendición de cuentas.

Los apagones programados, cada vez más extensos y frecuentes, tienen un efecto devastador sobre la economía, que se ha contraído más de un 15% desde el año 2020, según cifras oficiales. También han sido un factor clave en las protestas sociales de los últimos años, al afectar directamente la vida cotidiana, la producción de alimentos y el funcionamiento de servicios básicos.

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