Las autoridades cubanas alquilan gasolineras a mipymes privadas
Cuba
En el servicentro Acapulco, en La Habana, una empresa despacha combustible comprado en Estados Unidos
La Habana/“Estoy observando una transición hacia la privatización mipymerizada de los Cupet”, denunciaba la semana pasada un usuario de la aplicación Ticket. Un recorrido por las gasolineras de La Habana parece confirmar esta situación, por lo menos en el servicentro Acapulco, en la avenida 26 del barrio de Nuevo Vedado. Las autoridades, sin embargo, guardan absoluto silencio sobre ello.
Los empleados de Acapulco no revelan a qué empresa privada se ha rentado la gasolinera, pero dicen que en ella “solo están siendo abastecidos los negocios de esa mipyme”.
Lo cierto es que han pasado 11 días desde que abrieron los últimos turnos por la app Ticket para comprar combustible en dólares en las pocas gasolineras que siguen funcionando en La Habana y siete desde que ocurre lo mismo con las de Matanzas, los dos territorios con más Cupet funcionando. Desde entonces, el Estado solo ha ofrecido turnos para Villa Clara (420), Cienfuegos (50 para repartir en cuatro días) y, sobre todo, Sancti Spíritus (405 en seis días). Teniendo en cuenta que los servicentros no pueden vender más de 20 litros por turno, significa que en la última semana en el país solo ha habido disponible para el público –hay una parte, bastante mayor y en pesos, reservada para vehículos estatales– la cantidad irrisoria de 17.500 litros, unos 1.500 de media al día.
La mayoría de gasolineras de la capital se encuentran cerradas y, sin embargo, es patente un aumento del tránsito de vehículos al menos desde el viernes y en La Habana. Sobre todo, comparado con días atrás. ¿De dónde sale el combustible? No procede, eso es claro, de la carga dejada en Matanzas por el petrolero Anatoly Kolodkinhace dos semanas, pues ese crudo ruso no solamente tardaría al menos 20 días en convertirse en diésel, sino que solamente una mínima parte de él, ya refinado, está destinado a las gasolineras, como anunciaron las propias autoridades.
Descontado el tanquero –y la reserva estratégica militar u otros depósitos desconocidos, posiblemente bajo tierra–, queda apuntar a las importaciones de combustible por parte de los privados. En el informe publicado por el Consejo Económico y Comercial EE UU-Cuba (Cuba Trade) este miércoles, se recoge que en febrero, una vez que la Administración de Donald Trump añadió los combustibles a la lista de productos autorizados para exportación a privados en la Isla, hubo compras de diésel y gasolina por un valor de 2.573.594 dólares.
John Kavulich, presidente de Cuba Trade, ha contado a medios estadounidenses que solamente son seis empresas las que están realizando hasta ahora las exportaciones de combustible a Cuba. Lo hacen, dice el ejecutivo, a través de isotanques (contenedor cisterna) que parten principalmente desde Texas, Louisiana y el sur de Florida.
Las empresas operan con un margen de ganancia de entre el 20% y el 25%, asegura Kavulich. El producto más enviado en febrero de EE UU a la Isla fue el diésel: 68 envíos por un total de más de 18.000 barriles. La información sobre la exportación de gasolina también aparece en las estadísticas públicas de la Oficina del Censo estadounidense, pero de manera limitada: fueron en ese mes tres envíos valorados en 161.100 dólares.
Se supone que, tal y como está aprobado por la Administración de Donald Trump, solo los privados dentro de la Isla pueden importar el combustible, pero expertos como Jorge Piñón, investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, dudan de que eso pueda garantizarse. “No hay un sinnúmero de policías federales o agentes del FBI caminando por toda Cuba para asegurarse de que estos isotanques que están enviando se utilicen 100% en el sector privado”, declaró el especialista a Telemundo. “La pregunta que tenemos es quién está garantizando que estas reglas del juego se lleven a cabo”.
Lo mismo expresó Piñón recientemente, en una conferencia virtual organizada por Cuba Study Group, en la que también participó el economista cubano Ricardo Torres. ¿Quién puede controlar que ese combustible no está llegando a entidades estatales?, se preguntaba el investigador.
Este viernes, una conversación cazada al vuelo por este diario en uno de los servicentros era reveladora. “A los estatales les dan 10, 20, 30 litros al mes, y básicamente lo están vendiendo entero”, le decía un chofer a otro, que asentía con la cabeza: “Imagínate tú, si lo venden todo sacan 50.000 y hasta 100.000 pesos, como diez veces su salario”.