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Un barrio de La Habana intenta solucionar la plaga de la basura con 30 triciclos eléctricos

La Habana

El Consejo Popular Rampa cobrará 100 pesos mensuales por vivienda para recoger los desechos en puntos fijos y en dos momentos del día

La calle 21, en El Vedado, repleta de basuras en cualquier esquina, como la mayoría en La Habana. / 14ymedio
14ymedio

30 de junio 2026 - 08:41

Madrid/El incombustible Pedro Garcés no para quieto. Presidente del Consejo Popular Rampa, organizador de los servicentros de El Vedado, coordinador del grupo social Gente de Barrio y, ahora, a la cabeza de El Rampeño, un proyecto de desarrollo local para la muy necesaria recogida de basura con energía solar que iniciará este miércoles su andadura en La Habana. La iniciativa cuenta con dinero público, aunque los vecinos que quieran beneficiarse del servicio prometido tendrán que aportar 100 pesos como punto de partida. 

“Aquí se está construyendo una solinera que va a asumir, a partir de la intención del Partido y del Gobierno central, la asignación de 30 triciclos eléctricos para la recogida de desechos sólidos en el Consejo Popular Rampa, así como para la recuperación de materias primas”, cuenta entusiasmado el funcionario a Cubadebate, que este martes publica sobre el proyecto un reportaje muy partidario.

El Rampeño está en la esquina de las calles 23 y J, un punto neurálgico de la capital cubana donde se ubica el parque El Quijote, a una cuadra de Coppelia y de la gigantesca Torre K. Se trata de mejorar “no solo la higiene del barrio, sino la calidad de vida de quienes transitan esta céntrica zona de la ciudad”. No abundan en estos momentos los turistas, pero si el proyecto funciona, estarán entre los más beneficiados por la retirada de las actuales montañas de basura que ensombrecen el panorama. 

No abundan en estos momentos los turistas, pero si el proyecto funciona, estarán entre los más beneficiados por la retirada de las actuales montañas de basura que ensombrecen el panorama

Cubadebate señala la urgencia de resolver este problema, agravado por la escasez de combustible desde que, a finales de enero de este año, comenzó a aplicarse el bloqueo petrolero por parte de EE UU. Sin embargo, admite: “la higiene en La Habana no es un problema reciente”. 

La solinera, inspirada en las que ya funciona en Santa Clara –y similar a la privada de Holguín–, alimentará con energía solar a los triciclos eléctricos que recogerán la basura, pero también a vehículos y aparatos particulares, además de aportar al Sistema Eléctrico Nacional. El proyecto comenzará como experiencia piloto en Rampa con la idea de extenderse al resto del municipio. Según el reportaje, hasta la fecha hay cinco de los treinta triciclos que deben componer la flota y está previsto iniciar el servicio con dos horarios de recogida, las 7 de la mañana y las 8 de la noche, que podrían ser más en función de las necesidades. 

“Hemos socializado a través de nuestras redes digitales, Facebook, WhatsApp, Telegram, y el grupo Gente de Barrio, y la respuesta ha sido tremenda. La gente ha aportado ideas que han enriquecido y perfeccionado lo que inicialmente ideamos”, cuenta Garcés, que instruye sobre cómo deben actuar los vecinos.  

“No es necesario que usted esté con su jaba esperando el carro –aclara, pero insta a ser puntual–. Usted pone su jaba ahí y se la recogen. Lo que pedimos es que sea a la hora, para que el desecho no dure nada en la calle”. Además, añade que no es necesario comprar una, se puede bajar el cubo o donde se vacíen la basura, dejar el contenido y marcharse: el procedimiento habitual.

En la esquina de 17 y F, uno de los tantos basureros de El Vedado, amaneció incendiado este martes. / 14ymedio

Además de la aportación del Gobierno, consistente en los triciclos, está la contribución territorial –el famoso 1%– un impuesto que grava los ingresos brutos de empresas públicas y privadas que va directamente al presupuesto municipal y se emplea en la financiación de estos proyectos. Cubadebate recuerda precisamente que los privados aportan el gravamen desde 2024 y que su participación ha convertido al 1% en “una fuente significativa de financiamiento”. En el caso de El Rampeño, esos fondos han ido a la obra y los paneles. 

La otra pata para sostener el proyecto son las cuotas mensuales de 100 pesos por vivienda, de la que están exentas las familias vulnerables. Según la versión oficial, los beneficiarios de la gratuidad del servicio serán los que identifiquen los “delegados y factores de cada circunscripción”, lo que a priori deja en manos del partido y sin criterios públicos y transparentes la selección. 

En todo caso, enfatiza el medio, los ingresos más importantes procederán del cobro a las empresas –estatales y privadas–, que pagarán más por la recogida de desechos y materias primas. Habrá cuotas diferenciadas también para quien pida una recogida nocturna y se cobrará más a los clientes grandes que a un pequeño negocio. Por último, El Rampeño también obtendrá ganancias con la venta de materiales reciclables.

Los ingresos más importantes procederán del cobro a las empresas, que pagarán más por la recogida de desechos y materias primas. Habrá cuotas diferenciadas también para quien pida una recogida nocturna y se cobrará más a los clientes grandes que a un pequeño negocio

De acuerdo con la información, el proyecto debería generar unos 70 empleos directos para los que tendrán prioridad los vecinos de la zona. Los salarios suenan prometedores, sobre todo teniendo en cuenta lo que se gana en Comunales. El Rampeño promete un promedio de 15.000 pesos, aunque dependerá de la función. En un reportaje realizado por 14ymedio el pasado diciembre, los barrenderos de la capital contaron a este diario que su salario rondaba los 10 dólares. Aunque la volatilidad de la moneda es muy elevada actualmente en Cuba, al precio de la divisa para este martes en el mercado informal, un trabajador de El Rampeño ganaría más del doble que trabajando para Comunales.

La nota habla, repentinamente, de multas, aunque no ofrece datos al respecto. Eso sí, Garcés avisa de que si hay reincidencia –no se especifica exactamente en qué– “puede haber incluso instrucción penal por delito de desobediencia o de propagación de epidemia”. El funcionario, que dedica los párrafos finales a hablar de educación y concienciación de la población, empezando por los niños, cree que el proyecto está definido por la palabra triunfo, aunque a continuación admite que es, más bien, una aspiración. “Estamos obligados a triunfar en este proyecto porque lo pide la población”. 

A la espera de que la iniciativa comience, preguntas como las que plantea la emprendedora Yulieta Hernández están sobre la mesa: “¿Vedado, edificios altos, apagones, población envejecida...? ¿Bajarán los vecinos escaleras en pleno apagón para cumplir con los horarios de recogida de la basura?

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