La calderilla que nadie quiere
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En la calle Carlos III, un hombre intenta vender monedas cubanas que siguen en circulación, pero que la inflación ha convertido en piezas casi inútiles
La Habana/En la calle Carlos III, en Centro Habana, un hombre extendió este viernes sobre un saco blanco una mercancía que parecía salida de una excavación arqueológica, aunque sigue siendo dinero legal en Cuba: monedas de un peso, de 20 centavos, de cinco y hasta de un centavo. Las había regado en pequeños montículos, separadas con cierto orden, como si ofreciera mangos, ajíes o tornillos viejos. Algunas tenían el color apagado del óxido y otras apenas dejaban ver el relieve, gastadas por años de bolsillos, gavetas y alcancías olvidadas.
El vendedor, parado a las afueras de un portal, estaba más atento a conversar con un amigo que a los posibles clientes. Tampoco tenía mucho que vigilar. Nadie parecía dispuesto a llevarse aquel tesoro sin valor. “Dame lo que tú quieras en billetes”, decía a quien se detenía unos segundos, más por curiosidad que por interés. La oferta sonaba generosa, casi desesperada: cambiar metal por papel, aunque el papel también pierda cada día un poco más de valor.
En las cafeterías privadas no las aceptan y en los agromercados provocan una mueca
En otro tiempo, esas monedas servían para completar el pasaje, comprar un caramelo, pagar una llamada o ajustar la cuenta en una bodega. Hoy son piezas incómodas. En las cafeterías privadas no las aceptan, en los agromercados provocan una mueca y hasta los vendedores ambulantes las miran como si fueran fichas de un juego que ya nadie recuerda. En un país donde un refresco puede costar cientos de pesos y una libra de carne de cerdo supera los mil, una moneda de un centavo parece una broma de mal gusto.
Por no servir, las monedas cubanas ni siquiera sirven para la caridad: cualquier limosna en metal corre el riesgo de ser rechazada por quien la recibe. La inflación ha hecho lo que ningún decreto logró: sacar de circulación, sin anuncio oficial, una parte del dinero nacional. Las monedas siguen existiendo, tienen escudo, número y peso físico, pero han perdido la batalla contra la realidad. Son demasiado pequeñas para una economía que se mide en fajos, bultos y pilas de billetes.