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Lo que esconden las fichas de los militares cubanos muertos en Caracas

Cuba

El énfasis estaba en la vigilancia y el aseguramiento político, no en la protección operativa

Todo apunta a que una parte significativa del contingente estaba orientada a funciones de control, supervisión y obtención de información. / Cubadebate
14ymedio

15 de enero 2026 - 14:46

La Habana/El régimen cubano ha intentado clausurar el debate sobre la presencia militar de la Isla en Venezuela recurriendo a una consigna: “honor y gloria”. Sin embargo, las fichas biográficas difundidas por medios oficiales sobre los 32 cubanos muertos el pasado 3 de enero en territorio venezolano abren más interrogantes de los que cierran. Un examen atento de esos perfiles permite reconstruir la composición efectiva del contingente y, a partir de ella, aproximarse a la naturaleza real de la misión que cumplían.

De los fallecidos que Cuba reconoce oficialmente, 21 pertenecían al Ministerio del Interior y 11 a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Según la lista actualizada, dentro del grupo del Interior, al menos 18 eran oficiales. Se identifican tres oficiales superiores, con rangos de coronel y teniente coronel, cuatro mayores y once oficiales subalternos, entre capitanes y primeros tenientes. Solo tres eran suboficiales. El resultado es un contingente con un peso desproporcionado de cuadros de mando y personal profesional, una estructura poco compatible con una unidad concebida para el combate directo, pero coherente con un sistema que prioriza la lealtad política por encima de la eficacia militar.

Las biografías de estos oficiales tampoco remiten a trayectorias vinculadas a infantería de línea ni a unidades de asalto. El vocabulario empleado insiste en nociones como “disciplina”, “lealtad”, “cumplimiento de las misiones asignadas” y “ejemplo político”, una retórica más próxima a los órganos de Seguridad del Estado que a la operatividad en el terreno. Todo apunta a que una parte significativa del contingente estaba orientada a funciones de control, supervisión y obtención de información, no a enfrentamientos en escenarios de combate abierto.

Las instalaciones –incluido el propio búnker de Nicolás Maduro– demostraron ser altamente vulnerables

El perfil del personal procedente de las FAR refuerza esa lectura. De los 11 militares, solo uno ostentaba rango de oficial y uno de suboficial. Los nueve restantes eran soldados y reservistas, varios de ellos reincorporados tras extensos períodos de vida laboral civil. La movilización de reservistas con oficios definidos es habitual en tareas de apoyo técnico y logístico, pero resulta poco habitual en operaciones de alta intensidad contra fuerzas bien entrenadas.

Las propias fichas oficiales ponen el acento en ese aspecto. En lugar de resaltar entrenamiento militar o experiencia de combate, detallan con minuciosidad los oficios civiles y especialidades técnicas de estos soldados. Aparecen albañiles formados en la enseñanza politécnica, mecánicos automotores, choferes, operadores de equipos ligeros y de cargadores, técnicos en transporte y personal de mantenimiento. En al menos siete casos se menciona explícitamente su experiencia en reparación y mantenimiento de campamentos, operación de equipos del teatro de operaciones o acondicionamiento ingeniero del teatro de operaciones militares.

En la doctrina militar cubana, heredera de la extinta Unión Soviética, el “acondicionamiento ingeniero” alude a la preparación física del terreno y de las instalaciones, como fortificaciones, refugios, estructuras protegidas, posiciones defensivas y otras infraestructuras diseñadas para resistir ataques. Para ese tipo de tareas se emplean precisamente los perfiles que aparecen de forma reiterada en las fichas. Aun así, las instalaciones que debían proteger –incluido el propio búnker de Nicolás Maduro– demostraron ser altamente vulnerables.

La misión estuvo menos orientada a proteger de forma efectiva a los líderes chavistas frente a enemigos externos bien entrenados, y más a vigilar, sostener y tutelar al régimen

Si se cruzan institución, rango y especialidad, la clasificación del contingente resulta elocuente. Entre 15 y 17 de los 32 fallecidos pueden vincularse razonablemente a funciones de seguridad personal, escolta y control, casi todos ellos oficiales del Ministerio del Interior. Al menos siete desempeñaban roles de mando y coordinación, propios de oficiales superiores e intermedios. Entre ocho y nueve estaban claramente asociados a soporte técnico, infraestructura y logística, en su mayoría soldados y reservistas de las FAR con oficios civiles específicos. El resto corresponde a perfiles militares genéricos, pero en ningún caso configura una mayoría de combatientes suficientemente preparados para enfrentarse a tropas de élite.

Otro elemento que suele quedar fuera del relato oficial y de los análisis externos es la carga de coerción social que rodea a las llamadas “misiones internacionalistas”. En un país marcado por la precariedad y el empobrecimiento sostenido, salir de Cuba –aunque sea bajo mucho riesgo– se convierte en un incentivo poderoso. Para muchos ciudadanos, aceptar una misión en el exterior no responde a un impulso ideológico, sino a una estrategia de supervivencia frente a la miseria que padecen sus familias dentro de la Isla. 

En ese contexto, el contingente cubano muerto en Venezuela no parece haber sido, en su mayoría, una fuerza de combate eficaz, sino una combinación de seguridad política y soporte técnico-militar, integrada por oficiales del aparato de control y por personal seleccionado por sus habilidades prácticas más que por su capacidad bélica. Esa realidad choca frontalmente con la narrativa épica difundida desde La Habana y en la que probablemente creía Maduro. 

Algunos analistas sostienen, además, que la misión estuvo menos orientada a proteger de forma efectiva a los líderes chavistas frente a enemigos externos bien entrenados, y más a vigilar, sostener y tutelar al régimen venezolano en función de los intereses estratégicos de Cuba.

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