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Un informe de EE UU arremete contra Cuba como origen del “comunismo del siglo XXI”

EE UU

El método "novedoso y malicioso" del régimen, dice el texto, fue "persuadir a los hijos de Occidente para rebelarse contra su propia herencia"

El hito fundacional de esta política fue la Conferencia Tricontinental celebrada en enero de 1966 en La Habana, que aglutinó a 82 países de África, Asia y América Latina. / Granma
14ymedio

20 de julio 2026 - 16:38

Madrid/Estados Unidos ha vuelto a la carga contra el régimen cubano, al menos sobre el papel. En la misma línea de las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, del pasado jueves, cuando aseveró que La Habana contribuyó a forjar la extrema izquierda en el continente, el Departamento que encabeza publica este lunes un informe en que denomina a la Isla como “la capital del comunismo del siglo XXI”.

El extenso texto, de cien páginas, no dice nada nuevo, pero supone un nuevo peldaño en la escalada verbal de los últimos días. Entre sus conclusiones, figura que “el ataque de Cuba contra Estados Unidos nunca fue una disputa sobre política económica, soberanía o incluso la propiedad de un territorio en particular”, sino “una revolución contra la civilización occidental misma, librada, en parte, mediante el método novedoso y malicioso de persuadir a los hijos de Occidente para rebelarse contra su propia herencia”.

Se trata de una campaña contra EE UU “única”, define el reporte: “Es irregular y encubierta; incluso en la cúspide de su poderío militar, La Habana nunca tuvo la capacidad de derrotar a Estados Unidos en un conflicto armado convencional. En cambio, los cubanos perfeccionaron un nuevo modelo para una larga guerra de desgaste, organizada en torno al espionaje, la infiltración, el sabotaje, las redes de agentes encubiertos y una infraestructura diseñada para enfrentar a Estados Unidos consigo mismo”.

En casi siete décadas y “a diferencia de todos los demás aspectos del fallido Estado cubano”, ha cosechado “un éxito notable”

Es un modelo, afirman, que en casi siete décadas y “a diferencia de todos los demás aspectos del fallido Estado cubano”, ha cosechado “un éxito notable”.

Para ello se basaron, explican, en “una forma específica y peculiar de marxismo”, distinta al comunismo soviético. Mientras este, prosiguen, estaba impulsado por preocupaciones prácticas propias de las grandes potencias –“la preservación del imperio soviético y la defensa de sus intereses materiales en todo el mundo”–, su “pupilo cubano” se construyó en torno a otra “obsesión”: “la liberación del Sur Global de sus opresores coloniales occidentales. En la mente de los cubanos, solo existía un camino para alcanzar este objetivo: la destrucción del régimen imperialista yanqui”.

El documento, pues, refiere cómo, tras la ruptura de buena parte de la izquierda occidental con el modelo soviético –con los hitos de las denuncias del estalinismo o la invasión de Hungría a mediados de los cincuenta–, Cuba ofreció una alternativa: un marxismo “tercermundista” centrado en la liberación de los pueblos colonizados y en un rechazo radical de Occidente, más que en la lucha clásica de clases. El hito fundacional, indican, fue la Conferencia Tricontinental celebrada en enero de 1966 en La Habana, que aglutinó a 82 países de África, Asia y América Latina.

Otro de los elementos históricos que recuerda el informe es el respaldo del régimen cubano a las guerrillas insurgentes en el continente, como los sandinistas de Nicaragua, los tupamaros de Uruguay, los montoneros de Argentina o el Ejército de Liberación Nacional de Colombia. Más recientemente, como parte de la “exportación de la Revolución”, señalan también la construcción de todo el aparato de seguridad e inteligencia del chavismo desde 1999.

El informe detalla el funcionamiento de la Dirección de Inteligencia cubana, que es calificada como “más sofisticada que la extinta KGB”

El informe detalla el funcionamiento de la Dirección de Inteligencia cubana, que es calificada como “más sofisticada que la extinta KGB”. En este capítulo, se exhibe su modelo de reclutar a “creyentes ideológicos verdaderos” –no pagados–, para desarrollarlos durante años en universidades y agencias gubernamentales, algo ilustrado en los casos de los espías Ana Belén Montes, Walter Kendall Myers, Víctor Manuel Rocha, o la llamada Red Avispa.

Además, dentro de lo que denomina “turismo revolucionario”, el reporte cuestiona programas como la Brigada Venceremos, que ha llevado a la Isla a unos 10.000 activistas estadounidenses desde 1969, y su papel en la formación ideológica de figuras que luego pasaron a la política y la academia estadounidenses. En cuanto a la “revolución racial”, menciona el papel de Cuba como refugio de fugitivos como Assata Shakur, y su influencia en movimientos como el Black Power y, más recientemente, Black Lives Matter.

Todavía existe toda una red de organizaciones, denuncia el texto, como Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, National Network on Cuba, Pastors for Peace, National Lawyers Guild, The People's Forum, Code Pink o Democratic Socialists of America –todas ellas señaladas recientemente en una investigación por hacer lobby en favor de la dictadura–, con vínculos estrechos con el Gobierno cubano y que coordinan viajes y protestas.

El informe también sitúa a Cuba como nodo de una coalición más amplia, con Rusia, China e Irán, reiterando que hay instalaciones de inteligencia de señales rusas y chinas en la Isla, así como vínculos con grupos terroristas como Hezbolá.

“La pobreza material de Cuba nunca ha sido un indicador de su peligrosidad”, reitera el texto. “Su verdadera arma ha sido la infiltración ideológica de instituciones estadounidenses –universidades, ONG, movimientos sociales– más que el poder militar convencional”.

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