El mar invade las calles desiertas de La Habana
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"No ha sido la más grave de las inundaciones, pero nos llega en el peor momento: sin suministro de agua y electricidad y con el basurero que casi llega a media cuadra"
La Habana/Indiferentes a crisis internas y tensiones externas, las fuerzas de la naturaleza siguen tozudas por su camino, a veces imprevisible, otras no tanto. Así el Atlántico frente a La Habana en los meses invernales, saltando el Malecón y extendiéndose por varias calles.
La imagen del océano formando una pared de espuma blanca contra el muro de piedra ha sido repetida en las fotografías más idílicas de la capital, esas en las que, de cara al oeste, se ve el viejo perfil –sin la Torre K– que formaban el hotel Habana Libre, el Nacional o el edificio Focsa y, rumbo al sur, el faro del Morro. En la práctica, cada año supone un problema, sobre todo para el tráfico y los residentes de las zonas cercanas.
“Casi me lleva el viento. Tremendo aire. Hasta 3ra llega el agua, y de D para allá. No se puede coger por ahí porque está todo inundado”, se lamenta con este diario un vecino del edificio Girón, en Malecón y F, que no pudo salir este lunes para comprar alimentos.
Desde su balcón, en efecto, se ven las olas romper y el agua penetrar sin cortapisas. La avenida vacía no es, esta vez, solo por el temporal. “Con la escasez crítica de combustible, no hace falta ni cortar el tráfico”, dice irónico el hombre. Las calles llevan un mes casi vacías, con muy pocos turistas extranjeros, que ofrecen en cualquier caso el contraste brutal con una población exhausta y envejecida.
“No ha sido ni la peor ni la más grave de las inundaciones, pero nos ha llegado en el peor momento: con problemas en el suministro de agua, sin electricidad desde anoche, con el basurero de la esquina que casi llega a media cuadra y, para rematar, sin casi acceso a internet para comunicarnos con la familia y decirles que estamos bien”, dice una habanera residente en 1ra y C.
Ver el océano así de libre es hasta bello. Algunos se atreven a decir: “No es la única invasión que esperamos”.