'El Tuerto' y 'El Cangrejo', los enviados de Raúl Castro para negociar con EE UU el futuro de Cuba y de la familia
EE UU-Cuba
Según 'The Wall Street Journal', el hijo del general, su nieto y su sobrino nieto, el viceprimer ministro Óscar Pérez-Oliva, son el poder real en la Isla y cuentan con los recursos de Gaesa, el conglomerado creado por los militares
Madrid/Aunque el mandatario cubano Miguel Díaz-Canel ha intentado proyectar ante la prensa estadounidense una imagen de liderazgo y control, un reportaje de The Wall Street Journal vuelve a colocar a los Castro en el centro de las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Una vez más, el poder real en la Isla parece residir menos en los cargos formales del Estado que en una red familiar, militar y empresarial que ha sobrevivido a todos los relevos oficiales.
Según el diario estadounidense, Raúl Castro, de 94 años y retirado desde hace años de la primera línea institucional, sigue siendo el centro de la estructura real de mando. A su alrededor se mueven tres figuras de su entorno familiar: su hijo Alejandro Castro Espín; su nieto Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como El Cangrejo; y su sobrino nieto Óscar Pérez-Oliva, actual viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera. Los tres aparecen en el reportaje como piezas relevantes en una eventual negociación con Washington y, sobre todo, como expresión de la continuidad del poder castrista por vía familiar.
El texto presenta a Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl Castro, como uno de los interlocutores más experimentados del régimen en la relación con Estados Unidos. General de brigada del Ministerio del Interior y conocido como El Tuerto por una lesión sufrida en Angola, Castro Espín tuvo un papel central en los contactos secretos con la Administración de Barack Obama que desembocaron en el restablecimiento de relaciones diplomáticas en 2015. El reportaje lo sitúa, además, como un hombre de línea dura y recuerda que es autor de Imperio del terror, un libro contra Estados Unidos.
La importancia de Alejandro Castro Espín, de 60 años de edad, no radica solo en su experiencia negociadora
Ese perfil no impidió, sin embargo, que intentara mantener abierto el canal con Washington tras la victoria electoral de Donald Trump en 2016. Según The Wall Street Journal, Castro Espín llegó a hacer una videollamada a Craig Deare, entonces brevemente encargado de asuntos latinoamericanos en la Casa Blanca, y habló durante casi una hora sobre antecedentes de cooperación entre ambos Gobiernos. “Parecía poco ideológico, bastante pragmático y dispuesto a cooperar en temas de beneficio mutuo”, dijo Deare al periódico. El intento, no obstante, no prosperó. La Administración de Trump, añade el reportaje, no estaba interesada en continuar ese acercamiento.
La importancia de Castro Espín, de 60 años de edad, no radica solo en su experiencia negociadora. También representa el vínculo directo entre la familia Castro y los aparatos de seguridad e inteligencia del régimen. Se trata de una figura con escasa exposición pública, acceso al núcleo de decisiones y peso propio en asuntos sensibles. Que vuelva a ser mencionado en un proceso de conversaciones con Washington sugiere que el poder en la Isla ha optado otra vez por confiar los asuntos estratégicos a personas de absoluta lealtad familiar y política, no a figuras institucionales de mayor visibilidad.
Más llamativo todavía es el papel atribuido a Raúl Guillermo Rodríguez Castro. Nieto de Raúl Castro y durante años miembro de su escolta, El Cangrejo aparece descrito por el diario como alguien que ha pasado de las funciones de seguridad a tareas de intermediación política y de negocios. Según el reportaje, fue enviado a contactos con funcionarios estadounidenses y figura entre las personas de mayor confianza del ex mandatario.
La presencia de Raúl Guillermo, sin Raúl Castro, en reuniones en las que el régimen confirmó los contactos con EE UU reforzó la idea de que participa de forma directa en esas conversaciones
Su trayectoria resulta significativa porque ilustra cómo funciona el acceso al poder en Cuba. No se trata de un dirigente con carrera pública reconocible ni de un funcionario sometido a escrutinio. Su peso deriva del vínculo directo con su abuelo y del papel que habría acumulado como custodio, mensajero, facilitador y enlace informal. Su presencia, sin Raúl Castro, en reuniones en las que el régimen confirmó los contactos con EE UU reforzó además la idea de que participa de forma directa en esas conversaciones.
El reportaje añade a ese retrato su fama de bon vivant. Durante años circularon en redes sociales videos en los que aparecía en yates con amigos o bailando en discotecas con una camiseta de los Yankees y el apodo Cangrejo en la espalda. A pesar de que siempre ha querido mantener un perfil discreto, la imagen que deja el texto es la de un heredero del poder que se mueve con naturalidad entre privilegios, contactos y márgenes de influencia vedados para la inmensa mayoría de los cubanos.
El tercer nombre es el de Óscar Pérez-Oliva, sobrino nieto de Raúl Castro, cuyo ascenso ha sido especialmente rápido. Viceprimer ministro, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera y diputado a la Asamblea Nacional desde diciembre, Pérez-Oliva aparece en el artículo como posible sucesor de Miguel Díaz-Canel. Hace apenas dos años ocupaba un cargo intermedio en el puerto del Mariel, pero su promoción acelerada lo coloca ahora en una posición destacada dentro del aparato gubernamental y lo proyecta como una figura útil para una etapa en la que el régimen necesita atraer capital sin alterar su estructura política.
La relevancia del conglomerado militar va más allá de lo empresarial
En este punto, el reportaje enlaza los movimientos familiares con el factor económico central del sistema: Gaesa (Grupo de Administración Empresarial S.A.), fundado por Raúl Castro en los años noventa y convertido desde entonces en el eje de los sectores más rentables de la economía cubana. Hoteles, comercio en divisas, servicios financieros, importaciones, gasolineras y buena parte del negocio turístico han estado bajo su órbita. La relevancia del conglomerado militar va más allá de lo empresarial. Su control equivale a una fuente de poder político, capacidad de gestión de recursos y margen de negociación frente a actores externos.
El diario recuerda además que, hasta su muerte en 2022, Gaesa estuvo encabezada por Luis Rodríguez López-Calleja, padre de Raúl Guillermo Rodríguez Castro. El dato refuerza la idea de una continuidad no solo política, sino también patrimonial y administrativa. La familia de Raúl Castro no estaría limitada a influir en los asuntos de Estado, sino que mantendría además vínculos directos con el principal centro de acumulación económica del país.
El interés del reportaje está en que reúne en una misma escena varios elementos que a menudo se analizan por separado: la sucesión política, el poder militar, la diplomacia con Estados Unidos y el control de los recursos económicos. Vistos en conjunto, componen una imagen bastante definida. Aunque Miguel Díaz-Canel ocupe la presidencia y siga siendo la cara pública del Gobierno, el núcleo duro del poder continuaría en el entorno de Raúl Castro y en las figuras familiares que administran confianza, influencia y acceso al capital.