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Hay “muchas cosas que limpiar” antes de celebrar elecciones libres en Venezuela, alega Marco Rubio

Venezuela

El secretario de Estado justifica los acuerdos petroleros con gente vinculada al régimen chavista y minimiza el papel de María Corina Machado

Washington pretende recuperar parte de la capacidad económica del Estado, un propósito al que el secretario vinculó directamente los recientes acuerdos petroleros. / EFE
14ymedio

02 de septiembre 2026 - 14:46

Madrid/El mayor temor de Marco Rubio para el futuro de Venezuela no parece ser solamente que fracasen unas elecciones libres, sino que el primer Gobierno democrático termine pagando la factura de más de dos décadas de chavismo. 

“Si mañana hay elecciones en Venezuela, van a utilizar la maquinaria existente”, advirtió Rubio en una entrevista concedida al periodista venezolano Sergio Novelli. Según el jefe de la diplomacia estadounidense, todavía hay “muchas cosas que limpiar” antes de celebrar unos comicios que puedan considerarse realmente libres.

Rubio enumeró entre las condiciones necesarias que los partidos opositores dispongan de “campo, espacio y tiempo” para organizarse y hacer campaña, que exista una prensa libre, un Consejo Nacional Electoral aceptado por todos, un sistema de votación confiable y observadores internacionales. “Hay que crear las condiciones para eso”, resumió.

Washington tampoco quiere, explicó, que el vencedor de esos comicios “herede un desastre económico, o un desastre de país”. El objetivo es que reciba una Venezuela que, aunque siga teniendo problemas, no se encuentre en una situación de crisis capaz de hacer inviable al nuevo Ejecutivo.

En Nicaragua “ganó la oposición, pero a los pocos años regresó el sandinismo y se apoderó del país y perdieron su libertad. Aquí no queremos eso”

La referencia elegida por Rubio para explicar qué quiere evitar Estados Unidos fue Nicaragua. En 1990, Violeta Barrios de Chamorro derrotó electoralmente al Frente Sandinista y recibió un país devastado por la guerra, endeudado y con una economía en ruinas. “Ganó la oposición, pero a los pocos años regresó el sandinismo y se apoderó del país y perdieron su libertad. Aquí no queremos eso”, dijo Rubio. “Queremos una democracia y una república permanente para el futuro de Venezuela”.

La comparación de Rubio con Nicaragua, sin embargo, simplifica un proceso más complejo. Ortega no regresó al poder únicamente por el desgaste de los Gobiernos democráticos que fueron hostigados por los sectores violentos del sandinismo. Su retorno fue facilitado también por el pacto que selló a finales de los años noventa con el entonces presidente de derecha Arnoldo Alemán, un acuerdo que permitió a ambos partidos repartirse cuotas de poder en instituciones clave y modificar las reglas electorales. La rebaja del umbral necesario para ganar la Presidencia en primera vuelta permitió a Ortega imponerse en 2006 con menos del 40% de los votos. 

En el esquema expuesto por Rubio, las elecciones aparecen así no como el punto de partida de la transición venezolana, sino como una de sus últimas etapas, como han dejado entender desde el 3 de enero, cuando capturaron a Nicolás Maduro en una operación militar. Antes, Washington pretende recuperar parte de la capacidad económica del Estado, un propósito al que el secretario vinculó directamente los recientes acuerdos petroleros.

El empresario forma parte del grupo conocido como los “bolichicos”, hombres de negocios que hicieron fortuna como contratistas del Estado durante el chavismo

Estados Unidos ha situado como pieza central de esa recuperación un amplio acuerdo sobre 17 campos petroleros venezolanos con North American Blue Energy Partners (Nabep), vinculada al empresario Alejandro Betancourt. El esquema, que da a la compañía acceso a yacimientos que concentran alrededor de una quinta parte de las gigantescas reservas de crudo del país, ha despertado dudas en el sector por la ausencia de un proceso competitivo, la intervención directa del Gobierno estadounidense y los antecedentes de Betancourt.

El empresario forma parte del grupo conocido como los “bolichicos”, hombres de negocios que hicieron fortuna como contratistas del Estado durante el chavismo. Betancourt ha sido investigado en España y Suiza por presunto blanqueo de fondos relacionados con la estatal Pdvsa. Un juez español archivó en marzo la causa contra él al considerar que no estaba acreditada la comisión de delito alguno, pero la Fiscalía Anticorrupción recurrió la decisión por entender que las pesquisas estaban incompletas. Washington sostiene, pese a esas reservas, que el proyecto forma parte de la recuperación económica de Venezuela y del camino hacia una democracia estable.

Novelli preguntó directamente a Rubio por esos antecedentes y por el proceso de debida diligencia realizado antes de elegir a Nabep. “Nosotros investigamos bien [...] y hemos chequeado con todas las autoridades; no existía ninguna investigación dentro de nuestro sistema en contra de él”, respondió el secretario de Estado. Sostuvo, además, que Betancourt había apoyado a sectores de la oposición durante la etapa de Juan Guaidó y que esa posición llegó a crearle problemas con Maduro. 

Estados Unidos quiere evitar “desestabilización”, “violencia” e “inmigración masiva”

Rubio insistió en defender el mantenimiento provisional del actual Gobierno interino, porque Estados Unidos quiere evitar “desestabilización”, “violencia” e “inmigración masiva”. Subrayó, no obstante, que Washington no pretende convertir esa situación transitoria en un sistema permanente.

También se refirió al papel de María Corina Machado. “Es una ciudadana venezolana que tiene todo el derecho a entrar a su país cuando ella quiera regresar”, afirmó. El secretario de Estado dijo que Washington ha expresado preocupación por su seguridad, pero evitó presentar su eventual regreso como una decisión que deba contar con la aprobación de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, Rubio amplió el foco más allá de Machado y subrayó que otros dirigentes opositores exiliados también deben poder volver al país y participar sin riesgos en la vida política. Sobre la líder venezolana, destacó además el papel que desempeña en la organización de la diáspora y recordó que los millones de venezolanos que viven en Estados Unidos, España, Panamá y otros países también deberán tener la posibilidad de participar en el futuro político de Venezuela, incluido el voto desde el extranjero.

La doctrina que se desprende de sus palabras introduce una preocupación que puede resultar decisiva para otras transiciones en la región, incluida la de Cuba

Rubio evitó, como en otras ocasiones, poner una fecha a las elecciones. “Para mí sería lo más pronto posible”, respondió cuando Novelli insistió en conocer un plazo, antes de volver a señalar que primero deben existir las condiciones políticas e institucionales necesarias. También adelantó que el próximo mes volverán a reunirse dirigentes de la Asamblea Nacional elegida en 2015 y aseguró que Washington facilitará esas negociaciones, aunque recalcó que corresponde a los venezolanos dirigirlas.

La doctrina que se desprende de sus palabras introduce una preocupación que puede resultar decisiva para otras transiciones en la región, incluida la de Cuba: no basta con conseguir que un régimen autoritario pierda el poder y celebrar elecciones. El desafío, para Rubio, es impedir que la ruina económica e institucional dejada por ese régimen termine desacreditando a la democracia que lo sustituya y preparando su regreso.   

Como lo reflejan los comentarios debajo de la entrevista, muchos venezolanos no comparten esta visión, que les parece un pretexto destinado a priorizar los intereses económicos y geopolíticos de EE UU sobre el regreso a la democracia. 

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