Opinión
Los jirones de una nación
Nueva Jersey/País de la subsistencia,
de luchar la sobrevida,
a exiliados, de violencia
—metódica, estructural—
por orden del General
que te ha vuelto un cementerio:
¿soñaste con ser imperio?
¡¿Con ser imperio del mal?!
País de las delaciones,
del chivato y la chivata
promovidos por la ingrata
matriz con que los matones
que ordenan los apagones
premian el gesto traidor:
¿sabes que será mejor
que entrar en la delación
No aplaudir a tu opresor.
de la desesperación,
de la madre en el balcón
que se aferra a la creencia
de que, en la mesa, la ausencia
del hijo que decidió
es ausencia pasajera:
qué larga ha sido tu espera.
¡Qué amargo es tu quimbombó!
país del que ya se han ido
—hartos de tus espejismos,
tus falacias y extremismos,
tu machismo rococó,
tu violencia con bongó—
los nietos del ideal,
no te tomes esto a mal:
¡Qué triste es tu guaguancó!
—y no te hablo del café—,
país en que el Comité
te acusa si vendes pargos
y aplaude a los lengüilargos,
país en el que el gobierno
sueña con que será eterno
producto de la tenaza,
los golpes y la mordaza:
paso a paso hacia el abismo,
no me hables de patriotismo,
no me hables de la alegría
de sentir la cubanía,
no menciones el folclor,
que destroza tu cultura
sostiene a la dictadura
y su Estado de terror.
País de los sueños rotos,
país de la indiferencia,
se refleja en esas fotos
lugares tienden a hacer:
quiero verte renacer
un día de tus cenizas.
Aunque te hayan hecho trizas.
Aunque no quiera volver.
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