"Asistenciado", el nombre burocrático de la pobreza en Cuba
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En una bodega de Luyanó comienza el reparto de arroz, azúcar y granos a personas vulnerables
La Habana/Este martes, una pequeña multitud se agolpaba frente a la bodega de Arango y Villanueva, en la barriada de Luyanó. Bajo el sol habanero, en la acera abundaban las canas, los bastones, los cuerpos delgadísimos y los rostros marcados por la edad. Una mujer con vestido azul y pañuelo violeta se abría paso entre los presentes, mientras otra, con mascarilla, esperaba cerca de la entrada. El calor, la impaciencia y las preguntas sobre cuánto tocaba por persona formaban parte de la escena.
En una pizarra roja, escrita con tiza y colgada junto a la puerta, se leía la breve lista de productos a la venta: arroz, frijoles, azúcar y chícharos. Los precios, entre cinco y seis pesos la libra, que hace unos años habrían parecido elevados para el mercado racionado, hoy representan apenas una fracción de lo que cuestan esos mismos alimentos en las mipymes y las tiendas estatales. Las cantidades, eso sí, son limitadas y la calidad está por comprobarse cuando los granos terminen en la olla de presión o en el plato.
La llegada de estos módulos ha sido anunciada por las autoridades cubanas como una medida de protección social. Sin embargo, el reparto ocurre en un momento en que la libreta de abastecimiento, antes presentada como garantía de igualdad, se ha convertido en un registro de páginas en blanco, productos desaparecidos y promesas incumplidas. Para muchos beneficiados, esta venta de arroz o de azúcar subvencionada representa un alivio que apenas alcanza para unos días.
Pero no todos pueden acceder a esa mercancía. Los destinatarios son quienes figuran en las listas de personas vulnerables, a las que ahora se identifica con un término que gana protagonismo en la burocracia de la Isla: "asistenciados". En Cuba, donde el lenguaje oficial ha desarrollado un diccionario casi infinito para nombrar las carencias, cada nueva crisis parece necesitar también su propia categoría administrativa.
Pertenecer a la categoría de los "vulnerables" puede marcar la diferencia entre llevar algo a la cazuela o quedarse mirando el fondo vacío
Antes se hablaba de consumidores, núcleos familiares y beneficiarios. Ahora, en un país donde la pobreza alcanza a cada vez más personas, pertenecer a la categoría de los "vulnerables" puede marcar la diferencia entre llevar algo a la cazuela o quedarse mirando el fondo vacío. No basta con necesitar comida, hay que aparecer en el listado correspondiente.
El término "asistenciado" tiene además una virtud burocrática: permite clasificar la miseria sin pronunciar su nombre. No es lo mismo decir que una persona vive en la pobreza que incluirla en un registro de atención social. La primera expresión obliga a preguntarse por las causas; la segunda parece resolver el problema con una etiqueta amable y opaca.
En la Cuba de los eufemismos, cada nueva crisis encuentra su palabra. La escasez se llama "disponibilidad limitada", los recortes se presentan como "reordenamiento", al desastre reinante se le llama “contexto”, a los desempleados “trabajadores disponibles” y los pobres acaban convertidos en "asistenciados". Lo único que no cambia de nombre es el hambre. Esa sigue ardiendo en el estómago y mermando las fuerzas, por muchas categorías que se inventen para administrarla.