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Bicitaxis y triciclos eléctricos mueven las mercancías en una Habana paralizada por la crisis energética

Reportaje

"Si trabajo doce horas puedo hacer más de 5.000 pesos al día, aunque es bastante duro"

Las motos y las bicicletas tratan de llenar el vacío que ha quedado para trasladar mercancías.   / 14ymedio
Natalia López Moya

14 de febrero 2026 - 10:54

La Habana/En una ciudad prácticamente detenida, hay quienes no paran. Se les ve atravesar las calles vacías, sortear los baches del Malecón o pedalear cuesta arriba por Tulipán con una mochila a la espalda. No llevan uniforme ni tienen un contrato de trabajo, pero cargan sobre ruedas buena parte de la economía de La Habana. Son los jóvenes del delivery, una generación que en estos días de escasez de combustible se vuelve imprescindible en el trasiego de mercancías.

Yasiel, de 26 años, entrega pizzas, medicamentos y pequeños paquetes. Los encargos le llegan por WhatsApp desde los negocios privados de la capital cubana, desesperados por la falta de mensajeros con autos o motos de gasolina. A veces le piden flores, un cake o hasta una palangana para bañar un bebé. "Lo que se pueda cargar en la parrilla", dice a 14ymedio mientras ajusta en su bicicleta las bolsas que entregará en varios puntos de la ciudad. No tiene licencia de cuentapropista ni pertenece a ninguna mipyme, pero gana más que muchos profesionales. "Si trabajo doce horas puedo hacer más de 5.000 pesos al día, aunque es bastante duro".

La noche de este viernes, cuando por la avenida Rancho Boyeros solo circulaban unos pocos triciclos eléctricos y algunos peatones, que preferían caminar por el asfalto que por las descuidadas aceras, Yasiel seguía haciendo entregas. Una mochila enorme colgada en la espalda y otra, aún mayor, sobre su pecho. Llegaba desde el municipio Playa, en las proximidades del río Almendares, hasta la zona de Nuevo Vedado. "Estoy agotado porque hoy no he parado de dar pedal, ¿me puede regalar un vasito de agua?", le dijo a uno de sus clientes, casi al borde de desfallecer.

La empresa para la que estaba haciendo la entrega Yasiel, una de las tantas que tiene sitios digitales donde los emigrados compran alimentos y otros insumos básicos a sus familiares en la Isla, "está liquidando sus mercancías ante lo que viene", asegura el joven. El comercio online ha lanzado una oferta del 15% de rebaja en todos sus productos y "si son congelados te los puedes llevar hasta con un 25% menos", detalla. Ante el temor de que los apagones se vuelvan cada día más largos, "mucha gente está evitando comprar lo que necesita refrigeración".

Algunos bicitaxis llevan semanas transportando "más comida que gente". / 14ymedio

Este viernes, los envíos que entregó Yasiel fueron fundamentalmente de enlatados, granos y galletas. "Había pomos de garbanzo que se veía que llevaban tiempo en el almacén por el polvo que tenían arriba". Paquetes de harina, sardinas, atún, leche en polvo, cereales, aceite vegetal y las socorridas latas de spam completaron los encargos. "Por primera vez desde que trabajo en esto no he movido hoy ni un solo paquete de cuartos de pollo congelado". Nadie quiere que la falta de fluido eléctrico convierta su comida en un charco apestoso de agua y sangre.

En los grupos de Telegram con nombres como Delivery Habana 24/7 o Mensajeros de Plaza, se comparten encargos, rutas y clientes. A veces también advertencias: "no pasen por Infanta, que es una boca de lobo por el apagón". Son foros de trabajo, pero también refugios de camaradería. "Aquí nos avisamos cuando algún negocio está pidiendo gente, cuando falta corriente o si hay alguna calle cerrada por una marcha. Somos como una hermandad, pero sin sede", explica Yasiel.

El bicitaxi de Marcos, de 34 años y apodado El Ruedas, lleva semanas transportando "más comida que gente". Llegado desde el lejano Banes, este holguinero lleva un lustro haciendo varias rutas de traslado de pasajeros entre Centro Habana, Cerro y La Habana Vieja. A inicios de febrero recibió la llamada de un amigo que trabaja para un sitio digital que reparte desde comida hasta útiles de ferretería. "Me dijo que necesitaban bicicletas o motos eléctricas porque cada vez tenían menos carros por el problema de la gasolina".

Desde entonces, Marcos ha "peinado La Habana" de un lado a otro trasladando salchichas, refrescos, mantequilla y cuanta cosa le compra en Miami, Berlín o Madrid un emigrado cubano a su familia en la Isla. "He tenido suerte y, además de lo que me pagan, he recibido buenas propinas porque cuando la gente me ve llegar en el bicitaxi se mete la mano en el bolsillo para darme algo". Donde otros temen un agravamiento de la crisis de combustible, el holguinero ve su nicho: "ahora nos toca el turno de los que no necesitamos petróleo ni corriente".

"Son momentos en que hay que estar muy alerta porque la gente sabe que estamos entregando comida y cosas pagadas en divisas, somos un foco".

El día que recuerda con mayor gratitud fue el pasado lunes cuando llevó "café y unas sondas de esas que se usan para que los pacientes encamados puedan orinar" a una casa en el Casino Deportivo. "La viejita que me recibió me dio de propina un fula", recuerda. Esa misma jornada el dólar estadounidense rozaba los 500 pesos cubanos en el mercado informal. "Por cosas así es que sigo en este trabajo, aunque también hay momentos amargos".

En la oscuridad de una calle de la barriada del Cerro, Marcos vigila sobre sus hombros mientras despacha uno de los encargos. Con la linterna del móvil revisa la hoja donde se describe una lista de productos que una tienda digital ha tramitado para una familia habanera. "Son momentos en que hay que estar muy alerta porque la gente sabe que estamos entregando comida y cosas pagadas en divisas, somos un foco cuando hacemos eso". Para evitar posteriores quejas y reclamos, cada producto debe cotejarse con el listado frente al destinatario, una operación que demora y aumenta los peligros.

Además de los asaltos, el mayor temor de Marcos era, hasta esta semana, "que venga el calor fuerte y ya no sea tan fácil pedalear de aquí para allá". Sin embargo, en las últimas horas ha recibido la cancelación de tres encargos y eso abre nuevos miedos. "Hay varios de esos sitios digitales que están cerrando los pedidos desde fuera porque ya no pueden garantizar su entrega, esto se está poniendo feo". Si las compras online se paralizan, poco importa la fuerza que las pantorrillas del mensajero le imprimen al bicitaxi: "tendré que volver a mover gente y con los clientes de carne y hueso la cosa se complica".

El auge del delivery informal creció con la crisis energética y el colapso del transporte estatal, pero tuvo en la pandemia de covid-19 su momento de mayor explosión. Ahora, con la casi desaparición del combustible en la Isla, tras la orden ejecutiva firmada por Donald Trumpe que penaliza con aranceles a los países que envíen crudo a Cuba, los vehículos de gasolina o diésel que circulan son cada vez menos y los triciclos eléctricos no dan abasto. En ese vacío, las motos y las bicicletas tratan de llenar el vacío que ha quedado para trasladar mercancías.  

Con cada viaje, el mensajero gana entre 1.000 y 1.500 pesos, según la distancia. / 14ymedio

"Antes trabajaba en un taller de refrigeración, pero esto me deja más", cuenta a este diario Landy, de 30 años, que coordina una red de diez mensajeros. Su "central" es un chat de WhatsApp. "Me escriben de las mipymes, yo paso la dirección y calculo la comisión. No hay jefe ni horario fijo. Si no hay conexión, me desconecto y ya". Con cada viaje, el mensajero gana entre 1.000 y 1.500 pesos, según la distancia. "No hay contrato, pero hay palabra", añade el emprendedor. "Mi comisión me la pagan al final del día, según los viajes que hayan dado".

La mayoría son hombres jóvenes, aunque también hay mujeres. Algunos son universitarios, informáticos o ingenieros. Todos intentan ganar algo de dinero para mantener a sus familias y también prefieren la independencia de no estar amarrados a un empleo estatal y poder trabajar con varios negocios a la misma vez. "No quiero que nadie me mande, yo cojo un encargo cuando tengo necesidad y cuando no quiero me quedo en mi casa", resume un repartidor de 23 años con un triciclo eléctrico: "Mi jefe es la batería".

El trabajo está lleno de riesgos. "A veces se descarga en medio de la oscuridad, y tengo que empujar el triciclo hasta un lugar donde pueda cargarlo", explica un joven de San Miguel del Padrón que hace entregas en lo que llama "una zona complicada". Con guantes, casco y una chaqueta negra que en la espalda lleva el distintivo de "Rider", reparte encomiendas de los pequeños negocios del municipio, pero también recibe encargos de sitios digitales más grandes.

El principal de estos comercios online ha anunciado que cancela todas sus órdenes desde este viernes. Supermarket, que había logrado extender sus entregas por casi toda la Isla, informó a sus clientes que solo procesará las órdenes ya recibidas. "Debido a la situación actual de disponibilidad de combustible en Cuba, nuestras operaciones logísticas se han visto temporalmente limitadas", se lee en su portal.

Yasiel no deja que la preocupación lo paralice ante anuncios como ese. Para este sábado tiene la agenda llena de entregas. "Es el Día de los Enamorados y no voy a parar de dar pedal, ya descansaré mañana". El futuro es algo en lo que evita pensar en un país en el que los anuncios de cancelaciones, cierres e interrupciones se suceden durante cada jornada.

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