Los dilemas del régimen cubano ante el cerco petrolero de Trump: ¿resistencia, colapso, negociación?
Entrevista
El historiador Rafael Rojas dice que hay sectores que proponen una agenda reformista, pero la respuesta oficial es “cerrar filas”
El historiador cubano Rafael Rojas, investigador y profesor de El Colegio de México, considera que ante el agravamiento de la crisis que vive Cuba con el cerco petrolero impuesto por Donald Trump y reforzado por la orden ejecutiva del 29 de enero de 2026, “una presión migratoria para un éxodo masivo, o un estallido social, están dentro de las expectativas razonables de lo que podría suceder en las próximas semanas y meses”.
“Si hay un estallido social uno esperaría, porque ha sido la forma habitual de reaccionar del Gobierno cubano, represión y órdenes de arrestos y encarcelamientos masivos, y en ese caso la posibilidad de una intervención se hace más tangible”, advirtió.
En una conversación con el programa Esta Semana que se transmite en el canal de YouTube de Confidencial, debido a la censura televisiva en Nicaragua, Rojas analizó los diferentes escenarios de salida a la crisis del modelo revolucionario cubano, después de un desgaste de 67 años, y ahora bajo “máxima presión” de la Administración de Trump.
No se descarta que Estados Unidos pedirá, a cambio de la cooperación económica y la suspensión del embargo, profundos cambios políticos en el “modelo cubano”
Cuba ha propuesto a Estados Unidos un diálogo para profundizar la colaboración en torno a temas de interés de la estrategia de seguridad hemisférica de Trump (migración ilegal, antinarcóticos, terrorismo, seguridad), pero no se descarta que Estados Unidos pedirá, a cambio de la cooperación económica y la suspensión del embargo, profundos cambios políticos en el “modelo cubano”, que La Habana nunca ha estado dispuesta a contemplar.
Entre estas dos opciones que pueden desembocar en el colapso o la capitulación del régimen, un sector de la sociedad cubana propone retomar una agenda de reformas políticas y económicas, postergadas desde 2011, pero la línea dura del partido comunista y el Ejército asegura Rojas, demanda “cerrar filas” con el Gobierno de Miguel Díaz Canel y más bien imponer una “contrarreforma”.
Pregunta. Cuba ya estaba atravesando por una severa crisis energética desde el año pasado, ¿qué impacto ha tenido en la economía y en la vida cotidiana el cierre de la llave del petróleo venezolano impuesto por Estados Unidos y la orden ejecutiva de Donald Trump, que amenaza con imponer aranceles a los países que exporten petróleo a Cuba?
Respuesta. La orden ejecutiva de Donald Trump el 29 de enero de este año se suma a una situación de depresión de los indicadores económicos y sociales en Cuba que se ha experimentado desde 2021, cuando se produjo aquel estallido social, una serie de protestas masivas en toda la Isla. Desde entonces ha habido una caída enorme de la productividad, del PIB, un desabastecimiento de productos básicos de alimentos, de medicinas, inflación, caída del salario mínimo real, empobrecimiento, aumento de la desigualdad, precarización de las condiciones de vida.
La orden ejecutiva de Trump ocurre en el contexto de la suspensión del subsidio petrolero venezolano, después de la operación militar de Estados Unidos en Caracas el 3 de enero. La caída del subsidio petrolero venezolano en el último quinquenio llevó incluso a que México desplazara a Venezuela como principal suministrador de combustible a Cuba en el año pasado.
Nunca se llegaría a una parálisis absoluta, porque el Gobierno cubano puede aguantar con este autoabastecimiento por debajo del 40%
P. ¿Cuál es la situación en este momento? ¿Qué reservas de petróleo tiene Cuba antes que se produzca una parálisis total del país?
R. Los estudiosos de la cuestión energética en Cuba, como el profesor Jorge Piñón, sostienen es que Cuba tendría una producción nacional de combustible para abastecer el 40% o menos de las necesidades de infraestructura y de funcionamiento de la economía. El presidente Miguel Díaz-Canel ha dicho el pasado 5 de febrero que desde diciembre no hay suministro petrolero desde el exterior, pero en México se ha hablado del envío de petróleo en los primeros 15 días del mes de enero. En el último mes, el Gobierno cubano está autoabasteciéndose de petróleo a ese ritmo. Lo que está en discusión es el concepto de colapso. Los economistas, sociólogos y demógrafos cubanos que han estado muy metidos en esta discusión, a partir del aumento del éxodo masivo de cubanos, están usando ese concepto de colapso desde hace varios años, desde el estallido social de 2021. Pero ahora se habla del colapso para referirnos a una parálisis del país como consecuencia de este desabastecimiento energético. Lo que habría que decir es que nunca se llegaría a una parálisis absoluta, porque el Gobierno cubano puede aguantar con este autoabastecimiento por debajo del 40%.
P. Esta crisis también está impactando la industria turística, en particular el turismo proveniente de Canadá, que representa más del 60% del turismo total de Cuba. ¿Cómo impacta en la vida cotidiana de los cubanos, los apagones, la movilización, el acceso a los servicios básicos?
R. El modelo económico que se consolidó en Cuba en el primer cuarto del siglo XXI y que fue construido a partir del esquema de colaboración entre Venezuela y Cuba, propiciado por Fidel Castro y Hugo Chávez, se basa en esa conexión entre subsidio petrolero externo y concentración de los presupuestos y del plan de desarrollo de la economía cubana en el turismo y en las remesas.
Para mantener cualquiera de esos dos ingresos se necesita, por un lado, el subsidio petrolero y, por el otro, una buena relación con Estados Unidos, de tal manera que las sanciones no afecten el envío de remesas desde Estados Unidos.
Esos dos renglones de ingresos de la economía cubana, el turismo y las remesas, se ven ahora severamente afectados por la crisis, y el Estado cubano se está enfrentando a una posibilidad de falta de ingresos que, unida al suministro de petróleo, no solo limita la capacidad de pago para sus transacciones financieras internacionales, sino para mantener la vida económica y social del país funcionando. Uno de los sectores que inmediatamente es impactado por este cerco energético que está viviendo Cuba es el sector de los servicios eléctricos, pero también los servicios de salud, de educación, de abastecimiento de agua, para que funcionen los hospitales, las escuelas, sino las empresas, las fábricas, el transporte público.
En una semana, Estados Unidos se ha convertido en la única solución que tendría Cuba
P. En comparación con otros momentos de crisis que ha vivido Cuba, que son muchos –la crisis de los misiles en 1962, el Período Especial en 1990, cuando se desplomó la Unión Soviética, y la más reciente crisis del estallido de 2021–, ¿qué significa lo que está ocurriendo hoy, la caída del subsidio de Venezuela y la nueva política agresiva de Donald Trump?
R. Una muy socorrida verdad en estas semanas ha sido la comparación con el Período Especial y la "opción cero", que es como se le llamó en los años noventa a un momento muy parecido al actual, cuando por un lado estaba el embargo comercial de Estados Unidos y por el otro, la pérdida de la conexión con la Unión Soviética y los socialismos reales de Europa del Este en la Guerra Fría, que eran los principales compradores del azúcar cubano.
La diferencia es que Cuba era uno de los principales productores de azúcar mundial para el mercado del CAME [Consejo de Ayuda Mutua Económica] de los países socialistas, ahora no es así porque Cuba no tiene un recurso de producción colocado en el mercado mundial como el azúcar. Lo que Cuba puede ofrecer en un momento de desabastecimiento energético es turismo y remesas, dos renglones de ingresos directamente impactados por este diferendo escalado con el Gobierno de Donald Trump. En una semana, Estados Unidos se ha convertido en la única solución que tendría Cuba, para lograr un abastecimiento energético permanente y para mantener e incrementar el flujo de remesas de la diáspora cubana, de una manera también regular y que tenga un impacto en la economía de la Isla.
P. El propio Donald Trump ha promovido especulaciones y versiones sobre supuestas pláticas y negociaciones con el régimen cubano. ¿Hay alguna evidencia de que exista una negociación? Y si ese fuera el caso, ¿qué buscaría Estados Unidos en una supuesta negociación con Cuba?
R. No he leído ningún reporte que ofrezca datos concretos de una negociación entre el Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos. Lo que sí hemos escuchado en las últimas semanas son declaraciones del viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, en las que se ha referido a conversaciones e intercambio de mensajes al más alto nivel. También hemos leído posicionamientos del Ministerio de Relaciones Exteriores de que Cuba ofrece una profundización de su colaboración en un conjunto de áreas muy importantes para Estados Unidos, en la nueva estrategia de seguridad hemisférica o la llamada doctrina Donroe, que serían: combate al narcotráfico, al tráfico de personas, a la emigración ilegal en el Gran Caribe, pero también colaboración en temas de ciberseguridad, combate al terrorismo, una oferta de colaboración profunda en materia de seguridad marítima y fronteriza.
Ha dicho que para que se produzca un levantamiento del embargo tendría que producirse un cambio de régimen, pero que esto no está en el mapa inmediato
Es cierto que esas son áreas en las que en el pasado ha habido una colaboración, pero ahora hay un ofrecimiento de profundización que está haciendo el Gobierno cubano a Estados Unidos, y a la vez, el Gobierno cubano está también llamando a la solidaridad mundial con Cuba, haciendo analogías entre la situación de la Isla y la situación de Gaza, buscando un impacto internacional, sobre todo a nivel mediático, ideológico, de denuncia del acoso o la hostilidad de Estados Unidos. Junto con ese discurso hacia el exterior, se produce un énfasis discursivo en la capacidad de sacrificio del pueblo cubano, en la intransigencia ideológica de la revolución y en el sentido de que Cuba no va a negociar con Estados Unidos en condiciones de presión o de condicionamientos políticos.
P. Estados Unidos va en la dirección de los temas, señala Cuba, que coinciden con su política antimigración, deportaciones, narcotráfico y también los minerales extraños, ¿o también es parte de su agenda la promoción de un cambio político, o un cambio de régimen en Cuba?
R. No lo sabemos, es parte de la incertidumbre. Marco Rubio, por ejemplo, ha hecho declaraciones favorables a un cambio de régimen, pero siempre insistiendo en que Estados Unidos no se involucraría directamente en una agenda de ese tipo. Ha dicho que para que se produzca un levantamiento del embargo, tendría que producirse un cambio de régimen, pero que el cambio de régimen no está en el mapa inmediato de la política de Estados Unidos.
Pero se hace muy difícil entender esta máxima presión de la Administración de Trump por medio del cerco energético, desligada de la expectativa de que se vuelva a producir un estallido social como el del año 2021 y que se altere la paz doméstica en la Isla, y eventualmente pueda producirse algún tipo de intervención militar en cualquiera de sus modalidades. Eso se hace muy difícil descartarlo. En vista de este aumento de la presión, el desabastecimiento y la posibilidad de un estallido social, no hay claridad sobre cuál sería la agenda de negociación o de cambio de régimen de los Estados Unidos.
Yo imagino que, si este ofrecimiento de la Cancillería cubana en términos de profundización de la colaboración en temas de seguridad en el Gran Caribe es recibido positivamente en algún sector del Gobierno de Donald Trump. A cambio de esto se estarían pidiendo otras cosas. El Gobierno de Trump ahora mismo estaría en condiciones de ofrecer lo que Cuba más necesita que es el abastecimiento energético. Pero, naturalmente, a cambio de eso estaría exigiendo otras cosas, más allá de la profundización de la colaboración en seguridad hemisférica que ofrece La Habana.
Al cerrarse la posibilidad del éxito del éxodo masivo, se hace más probable aún un estallido social o una serie de protestas
P. Desde la óptica del régimen cubano, en las últimas décadas se han descartado o se han pospuesto reformas profundas, políticas y económicas, para enfrentar la crisis del modelo cubano, que nunca se llevaron a cabo. ¿Estas reformas postergadas son parte de las opciones que tiene hoy el régimen cubano, o la única opción que les queda es resistir o capitular?
R. Tampoco sabemos. En estas últimas semanas, los grupos reformistas que hay en la Isla, sobre todo economistas, sociólogos y demógrafos, han relanzado sus proyectos de reforma en distintas plataformas digitales, y plantean recuperar la ruta reformista, que está muy bien planteada en distintos niveles, hay niveles más radicales, o profundos en el campo académico, y otras que fueron aceptadas por el Gobierno de Raúl Castro entre el año 2011 y 2016, justo cuando comienza la normalización diplomática con Barack Obama, y después se celebra un pleno del partido donde se echa para atrás todo ese proyecto reformista. Estos sectores reformistas, de diplomáticos, de políticos, de la economía, del comercio en Cuba, están proponiendo regresar a esa agenda reformista y la respuesta del lado más ideológico de la burocracia cubana, es que demandar reformas ahora es una claudicación y que en este momento lo que hay que hacer es cerrar filas con el Gobierno de Díaz-Canel y mantener la línea contrarreformista. De hecho, se acaba de lanzar un nuevo plan de desarrollo en la misma línea contrarreformista de los últimos años. La respuesta del Gobierno cubano a la posibilidad de que la reforma sea un elemento de negociación es contraria a esa opción.
P. ¿Dónde se ubica el pueblo cubano en esta crisis? ¿Es probable que se produzca un éxodo o migración masiva, si no hay una salida? ¿Hay posibilidades de nuevas protestas populares, producto de los apagones masivos y la falta de acceso a los servicios, o acaso el régimen cuenta con respaldo para su estrategia de resistencia y no claudicación?
R. Las dos: un éxodo masivo o una presión migratoria y un estallido social están dentro de las expectativas razonables de lo que podría suceder en Cuba en las próximas semanas y meses. En el caso del éxodo masivo, hay una serie de restricciones nuevas que no existían en los años noventa, cuando el Período Especial y la "opción cero", y no existían en las primeras décadas del siglo XXI, cuando se produjeron los últimos intentos de éxodo masivo marítimo. Las leyes en Estados Unidos hoy son otras, son leyes restrictivas de la emigración ilegal por mar. Y las otras rutas de migración irregular por vía terrestre, que eran viajes a Nicaragua, a Ecuador, a otros países centroamericanos y a México para hacer el recorrido hacia la frontera con Estados Unidos se están cerrando también, hubo una decisión reciente del Gobierno de Daniel Ortega de solicitar visas a los posibles inmigrantes cubanos.
Observo como nuevo que las relaciones de Cuba con Gobiernos latinoamericanos de izquierda se basan en el reconocimiento de una situación de crisis humanitaria
La moratoria de visas había sido utilizada durante los años de las protestas 2021, 2022 por miles de cubanos para llegar a Nicaragua y desde Nicaragua subir por toda Centroamérica, cruzar México y llegar a los Estados Unidos por vía terrestre. Esas vías se están cerrando, y al cerrarse la posibilidad del éxito del éxodo masivo, se hace más probable aún un estallido social o una serie de protestas.
P. ¿Cómo han reaccionado los cubanos a esta suspensión de libre visado que tenía Nicaragua? En una columna que escribió y publicamos en Confidencial, dice que Daniel Ortega se solidariza con Donald Trump. ¿Por qué?
Es irónico, naturalmente, porque la decisión que ha tomado el Gobierno de Nicaragua va en sintonía con lo que han estado demandando Donald Trump y el secretario de Estado Rubio en los últimos años, en términos de restringir lo más que se pueda la emigración irregular de cubanos, de venezolanos, de haitianos, por Centroamérica y por México. Tiene que haber sido una medida bien recibida, por la Administración de Trump, y en ese sentido digo “solidaridad”.
P. México, como mencionabas, y también Chile, están convocando a una ayuda humanitaria para Cuba. ¿Pero cuál es la dimensión de esta crisis humanitaria? ¿Es un fenómeno coyuntural que ha provocado el embargo petrolero, o un problema estructural?
R. El colapso se viene mencionando en los análisis sobre el deterioro de los indicadores económicos y sociales en Cuba desde 2021, 2022. Hay otro término que usan los académicos de la Isla, que es la policrisis. Le llaman así porque es una crisis estructural en todos los sentidos, económica, social, política, de ingresos externos, internos, presupuestales, evidentemente, se ha ido incubando, en los últimos años y llega ahora con el cerco petrolero a su clímax, o no del todo, porque habría que ver que tanto puede subsistir el Gobierno cubano con ese 40% o menos de autoabastecimiento energético y con este llamado a la resistencia.
Pero en efecto, la crisis humanitaria no es nueva, aunque ahora evidentemente se agudiza. Lo que observo como nuevo es que las relaciones internacionales de Cuba con Gobiernos latinoamericanos de izquierda se basan en el reconocimiento de una situación de crisis humanitaria. Es decir, Cuba ya no circula en Gobiernos como el mexicano de Claudia Sheinbaum o el brasileño de Lula, o el uruguayo de Orsi, o el chileno de Boric, como modelo, como la revolución, el socialismo, sino como un país que está experimentando una crisis humanitaria, como ha circulado durante décadas el caso haitiano. Aunque evidentemente hay una serie de elementos afectivos, ideológicos, ligados a la experiencia histórica de la Revolución cubana y su papel en la región, que se agregan a este diagnóstico de la crisis humanitaria. Pero eso lleva también a una diferenciación en términos de la solidaridad, que reconoce el Gobierno de Boric para insistir en que la ayuda humanitaria no debe ser directa del Gobierno de Chile al Gobierno de Cuba, sino que tiene que pasar por organismos internacionales, como la Unicef; en cambio, la presidenta Sheinbaum, yo creo que para satisfacer a las bases procubanas del partido oficial Morena, sí está defendiendo un tipo de ayuda humanitaria por medio de la relación bilateral de Gobierno a Gobierno.
Va predominando una percepción muy crítica hacia Delcy Rodríguez, que incluye la frialdad con la que ha manejado el asunto de los 32 cubanos caídos en Caracas
P. Durante la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela el 3 de enero murieron 32 oficiales y soldados cubanos. ¿Qué impacto tuvo esto en Cuba y qué pasa con la presencia militar y seguridad cubana en Venezuela, ¿se mantiene, se han retirado, es un tema de negociación también con Estados Unidos?
R. La muerte de esos 32 militares cubanos en la operación del 3 de enero en Caracas fue procesada como un duelo en el Gobierno cubano. Se les rindieron honras fúnebres en la Isla. Durante una semana, por lo menos, la prensa oficial estuvo muy concentrada en ese duelo y luego pasó a distintas estrategias. Algo que al principio no se notaba, pero que después ha comenzado a ganar terreno, en las redes sociales oficiales cubanas, es una percepción negativa de rechazo a cómo el Gobierno de Delcy Rodríguez está conduciendo su negociación con Estados Unidos. A veces se utiliza el concepto de la traición. En general, va predominando una percepción muy crítica, muy negativa, que incluye a su vez la frialdad con que el Gobierno de Delcy Rodríguez ha manejado el asunto de estos 32 militares cubanos caídos en Caracas.
Sobre la colaboración militar con Venezuela, no tengo información de primera mano. Yo esperaría una depreciación acelerada de ese vínculo, así como se está deteriorando aceleradamente la colaboración en salud pública, en la contratación de profesionales cubanos de la educación o del deporte.
P. ¿Cuánto puede prolongarse esta crisis? Supongo que desde la perspectiva de Cuba quieren llegar a las elecciones de medio término de Donald Trump en Estados Unidos, pero, por el otro lado, Trump tiene muchos resortes para ejercer presión sobre Cuba.
En efecto, yo creo que esa es la apuesta del Gobierno cubano, aguantar hasta noviembre y esperar que un resultado desfavorable en las elecciones legislativas en Estados Unidos, y que una recomposición de las Cámaras produzca una reversión de la orden ejecutiva del 29 de enero y cambien el clima de hostilidad extrema que se está viviendo en estos meses. Esa es la apuesta del Gobierno cubano y de aquí a noviembre, toda esta campaña de solidaridad con Cuba intentará avanzar lo más que pueda en redes del Partido Demócrata en los Estados Unidos. Tal vez veamos en estos meses algo que más o menos siempre ha sucedido, pero no con tanta contundencia o énfasis como ahora, que es una intervención cubana en un proceso electoral de Estados Unidos, es decir, Cuba tratando de colocar la causa de la isla en la agenda electoral de los demócratas para estas elecciones de noviembre.
Hay una parte de la población, sectores juveniles muy críticos, que están posicionándose muy fuertemente en contra del Gobierno y son reprimidos
P. ¿Es posible una crisis en Cuba provocada por Estados Unidos? Supongo que Estados Unidos tienen que sopesar las consecuencias de provocar un colapso en Cuba?
R. Es muy arriesgado para el Gobierno de Trump. Tiene una popularidad baja, hay estimaciones muy desfavorables a Trump y al Partido Republicano de cara a las elecciones de noviembre, pero todo puede pasar si se produce algún tipo de conato serio en cualquiera de esas dos reacciones que mencionamos antes, si hay un estallido social, uno esperaría, porque ha sido la forma habitual de reaccionar del Gobierno cubano, que sea seguido de represión y órdenes de arrestos y encarcelamientos masivos. O un conato de éxodo masivo, en ese caso la posibilidad de una intervención se hace más tangible.
P. Cuando se produjo la intervención militar en Venezuela, muchos esperaban otro tipo de reacción, tanto de las Fuerzas Armadas venezolanas como del supuesto apoyo político que tenía el régimen de Nicolás Maduro. En el caso de Cuba, ¿cuál sería la reacción de la población, la presión de Estados Unidos genera algún respaldo para el régimen?
R. Las dos cosas. Hay una parte de la población, sectores juveniles muy críticos, activistas de nuevas tecnologías de redes sociales que están posicionándose muy fuertemente en contra del Gobierno y son reprimidos, arrestados, condenados, procesados a años de prisión. Hay también un activismo evangélico que se está movilizando también contra el Gobierno. Toda esa franja crítica de la sociedad cubana, sobre todo de las nuevas generaciones, que lleva ya años, otra vez desde el estallido social del del 2021, ganando terreno en su impugnación, en su interpelación del Gobierno cubano, eso se profundizará en las próximas semanas.
Sin embargo, también hay sectores más tradicionales que reafirmarán su identificación con el Gobierno bajo este nuevo clima de hostilidad. Las dos cosas. Y yo supongo que los sectores decisivos, que son los sectores militares que tienen que ver con la seguridad, se está zanjando también una división parecida. Tal vez no como en el caso de los jóvenes de impugnación del Gobierno, sino más bien un sector más favorable a la recuperación del proyecto reformista, y otro haciendo causa común con el Gobierno.
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Nota de la Redacción: Esta entrevista fue publicada originalmente en el digital Confidencial de Nicaragua.