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Empresarios cercanos y contrarios a Trump compiten para ser los primeros en llegar a Cuba

Exilio

El exilio ha visto cómo se posponen unos cambios que consideraban inminentes, cuenta The Wall Street Journal

Entre los planes del exilio está destinar 8.000 millones de dólares a reformar ocho aeropuertos de la Isla. / Invasor
14ymedio

21 de septiembre 2026 - 07:18

Madrid/Con noviembre a la vista, la mitad del segundo mandato de Donald Trump se acerca y los cubanoestadounidenses siguen esperando a que se produzca en La Habana un cambio que parecía inminente y no llega. “No han cambiado la meta, pero han movido la portería”, dice Tony Costa, empresario, presidente de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba y uno de los rostros más conocidos del exilio histórico en Miami. 

A sus 86 años, él es uno de los acaudalados hombres que hoy dibuja al otro lado del estrecho de Florida el futuro de Cuba junto con Juan Omar Sixto o Jorge Mas, todos ellos cercanos al partido republicano y protagonistas de un reportaje que The Wall Street Journal dedica este lunes a esos planes que esperan en vilo el momento del vacío de poder en La Habana. 

“Hemos esperado 67 años. Tenemos que empezar”, dijo Sixto, presidente de la nueva Cámara Nacional de Comercio Cubano-Americana (Cncca) en una reunión del grupo en junio. Sus planes abarcan todo tipo de ámbitos, desde los políticos –un gobierno provisional con dos años para sentar las bases de unas elecciones libres y la aplicación temporal de la Constitución de 1940–, a los económicos. 

En este último sentido, las necesidades son infinitas: se ha reclutado a ingenieros para analizar la reforma de la infraestructura energética, contactado con bancos, empresas y fondos de inversión que aporten dinero para la reconstrucción, arquitectos para remodelar los ocho aeropuertos de la Isla –un proyecto que, estiman, costará 8.000 millones de dólares–, abogados para ejecutar las reclamaciones por propiedades confiscadas…

Se ha reclutado a ingenieros para analizar la reforma de la infraestructura energética, contactado con bancos, empresas y fondos de inversión, arquitectos, abogados para ejecutar las reclamaciones por propiedades confiscadas…

“Cualquiera que aspire a darle un mordisco a la piñata cubana está contratando abogados y lobistas, particularmente en el círculo íntimo de Trump”, dice al WSJ Ric Herrero, director del Cuba Study Group. “La gente se está alineando para una transición que de ninguna manera está garantizada, preparándose para una toma de control amistosa o simplemente perdiendo el tiempo”, sostiene. Sus declaraciones ponen de manifiesto la competencia silenciosa entre los empresarios cercanos y contrarios a Trump, todos prestos a tomar posiciones para desembarcar en la Isla a la menor oportunidad. 

Entre los fervientes republicanos está también Jorge Mas, presidente de la más poderosa organización del exilio, la Fundación Cubano Americana, y copropietario del club de fútbol Inter de Miami, que afirma cómo Trump le preguntó en una ocasión cuánto costaría reconstruir la Isla. Unos 90.000 millones para los tres primeros años de transición, fue la respuesta del empresario, que agregó lo fácil que sería para ellos reunirlos. 

El tiempo pasa, sin embargo, y los nervios empiezan a apretar. Mas es amigo personal del secretario de Estado, Marco Rubio. Como la mayoría de los citados en el reportaje, que contaban con tener ya en verano un cambio en Cuba que veían echarse encima desde que el 3 de enero las tropas estadounidenses apresaron a Nicolás Maduro en Venezuela. Washington ha tomado, en la práctica, el control político y económico de ese país, aunque el chavismo se mantiene, uno de los mayores temores de estos exiliados. 

“Sin embargo, La Habana ha demostrado ser resistente; y con la atención de Trump consumida por la guerra en Irán, cualquier plan para centrarse en Cuba ha pasado a segundo plano”, señala el WSJ. El diario sostiene que los altos funcionarios de la Administración ya hablan de plazos tan largos que podrían extenderse hasta el fin del mandato del republicano, en 2028. Recuerda, además, que Rubio se mostró muy molesto este verano, cuando se le pidió un calendario aproximado para el fin del régimen. “Los asuntos globales no son una miniserie en la que se pasa por tres episodios y se termina. Los asuntos globales son difíciles”, espetó el secretario de Estado ante la prensa, después de decir que estaban dispuestos a ser “muy realistas y pacientes sobre cómo” llegaría ese cambio.

El WSJ explica que Rubio ha dado órdenes para que las sanciones se mantengan como un goteo constante, más que por sus efectos reales, por el desgaste psicológico que producen y la sensación permanente de que algo puede pasar, pero sin concretarse. Algo que también se percibe –añade el diario– en el jefe de la Embajada en La Habana, Mike Hammer.  

Personas próximas al círculo del diplomático dicen al WSJ que, tras meses afirmando por EE UU y Europa que el cambio era inminente, ha dejado de hacer mención a 2026. 

Personas próximas al círculo del diplomático dicen al WSJ que, tras meses afirmando por EE UU y Europa que el cambio era inminente, ha dejado de hacer mención a 2026

Ambivalencia similar se percibe en las palabras de Bryan Calvo, el joven alcalde de Hialeah. “No creo que hayamos estado nunca tan cerca. Pero al mismo tiempo, si no ocurre ahora, no va a ocurrir nunca”, dijo.

Los acercamientos están, insiste el medio, paralizados. El exilio se opone a la vía de diálogo mediante Raúl Guillermo Rodríguez Castro, El Cangrejo, nieto del general. Las demandas de los funcionarios estadounidenses al régimen han tenido un éxito muy relativo: sí a las reformas económicas, nada de cambios políticos. 

El WSJ cita la encuesta publicada por The Miami Herald que, tras preguntar a 800 cubanoestadounidenses, concluyó que cuatro de cada cinco solo ven como opción una acción militar, ya que la población cubana no va a protestar lo suficiente. “El país está totalmente paralizado. Las personas caminan como zombis”, dice el economista Omar Everleny Pérez Villanueva. Otros analistas dijeron al medio que es totalmente improbable que los cubanos se levanten: solo lo hicieron dos veces antes en 70 años, la oposición está desarticulada, los jóvenes han emigrado y los mayores no pueden más. “Somos hijos del maltrato. Intentas sobrevivir y subsistir”, admitió un jornalero de La Habana entrevistado.

Mientras, la Cncca no ceja en su empeño y busca formar a la población cubana, a través de voluntarios, en cómo funciona el capitalismo moderno. 

El presidente del Museo Americano de la Diáspora, Marcell Felipe lo resume así: “Este es nuestro momento del Muro de Berlín”.

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