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Expulsado por EE UU, el cubano Richard Tur consigue un puesto en la ONU

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El régimen cubano celebra el hecho como una victoria, aunque queda por ver si Washington le dará el visado necesario para ejercer sus funciones en Nueva York

Tras su expulsión, Tur fue recibido en el aeropuerto habanero por el vicecanciller Gerardo Peñalver, que elogió su actuación. / X/ Bruno Rodríguez Parrilla
14ymedio

06 de noviembre 2026 - 14:33

La Habana/La Cancillería cubana ha celebrado este viernes como una victoria diplomática la elección de Richard Tur de la Concepción para integrar la Comisión Consultiva en Asuntos Administrativos y de Presupuesto de Naciones Unidas (Acabq). El entusiasmo oficial presenta su designación como un triunfo frente a Washington, que hace apenas unos días expulsó al diplomático tras protagonizar un altercado con un representante estadounidense en la sede de la ONU. 

“Esta elección es una victoria de Cuba y un reconocimiento al experto por su destacada trayectoria y meritoria labor”, proclamó el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla en su cuenta oficial de Facebook.

Sin embargo, la elección “por aclamación” que destaca la Cancillería no significa que Tur haya recibido un respaldo extraordinario de los países miembros. Según el Manual de Elecciones, publicado por el Instituto de las Naciones Unidas para Formación Profesional e Investigaciones (Unitar), ese procedimiento se utiliza habitualmente cuando el número de candidatos de un grupo regional coincide con las plazas disponibles. En esos casos, puede prescindirse de la votación.

La candidatura cubana había sido presentada mucho antes del incidente

La documentación del proceso, recogida en el expediente A/C.5/81/6, incluye diez aspirantes para diez vacantes, entre ellos candidatos de Estados Unidos, Rusia, Ucrania y Cuba. 

La candidatura cubana había sido presentada mucho antes del incidente. Tur, primer secretario de la Misión Permanente de Cuba ante Naciones Unidas, contaba además con cierta experiencia en las cuestiones presupuestarias de la organización. Su nombre aparece en documentos oficiales de la Quinta Comisión de la Asamblea General –el órgano principal encargado del presupuesto de la ONU– como coordinador de consultas sobre asuntos administrativos.

La Acabq está integrada por 21 expertos que examinan los presupuestos de Naciones Unidas y asesoran a la Asamblea General sobre cuestiones financieras. Sus miembros deben ejercer a título personal y tienen mandatos de tres años renovables una sola vez. La comisión celebra reuniones durante unas 44 semanas al año, lo que exige una presencia continuada en Nueva York.

La remuneración de los integrantes de la comisión también plantea interrogantes. Según un informe de Naciones Unidas de 2021, la Presidencia del organismo percibía entonces un sueldo neto de 235.772 dólares anuales, más una prestación especial de 10.000 dólares, cantidades que no corresponden a los miembros ordinarios. Estos pueden mantener sus salarios en las misiones diplomáticas de sus respectivos países o recibir dietas y gastos de viaje de la ONU. Se desconoce qué remuneración percibirá Tur y si tendrá que entregar alguna parte al Gobierno cubano, una práctica documentada en otros programas de trabajo en el extranjero, donde incluso profesionales que reciben directamente sus salarios deben transferir un alto porcentaje a las autoridades de la Isla.

En 2014, la Administración de Barack Obama rechazó conceder un visado al iraní Hamid Aboutalebi, designado embajador ante la ONU

El mandato de Tur comenzaría el 1 de enero de 2027 y se extendería hasta diciembre de 2029. Sin embargo, su incorporación a las funciones de la comisión quedaría comprometida si Washington mantiene la prohibición de su entrada a territorio estadounidense. 

El Acuerdo sobre la Sede de Naciones Unidas, firmado en 1947, obliga a EE UU a facilitar el acceso de representantes y expertos que desempeñan misiones oficiales para la organización. No obstante, existen precedentes de negativas estadounidenses. En 2014, la Administración de Barack Obama rechazó conceder un visado al iraní Hamid Aboutalebi, designado embajador ante la ONU, por su vinculación con los estudiantes que ocuparon la Embajada estadounidense en Teherán en 1979. Irán denunció entonces una violación del Acuerdo sobre la Sede, pero el diplomático no pudo asumir el cargo.

El caso de Tur presenta diferencias, puesto que ha sido seleccionado para un órgano de expertos cuyos integrantes deben actuar a título personal y no como representantes de sus Gobiernos, aunque sí son escogidos por los Estados, que presentan sus candidatos para estos puestos. Sin embargo, esa independencia formal contrasta con el funcionamiento de la diplomacia cubana, cuyos integrantes responden siempre a las directrices del régimen y son seleccionados mediante criterios de confiabilidad política y lealtad al Partido Comunista. Y algo similar pasa con China y Rusia. 

La controversia comenzó el 27 de octubre, durante el debate de la resolución cubana contra el embargo. Mientras el embajador estadounidense Mike Waltz intervenía ante la Asamblea General, el canciller Bruno Rodríguez y varios integrantes de su delegación protagonizaron una protesta con gritos y golpes sobre las mesas.

“Este señor demostró una gran falta de respeto, mala educación y un comportamiento totalmente inapropiado”

Tur intentó apartar a manotazos el teléfono de J. P. Freire, miembro de la delegación estadounidense que grababa la escena. Washington denunció la agresión, mientras La Habana sostuvo que el funcionario había reaccionado ante una provocación y una invasión de su espacio personal.

Tras su expulsión, Tur fue recibido en el aeropuerto habanero por el vicecanciller Gerardo Peñalver, que elogió su actuación. El Gobierno convirtió su regreso en una demostración pública de respaldo.

La nueva celebración, sin embargo, tampoco ha escapado a las críticas. En la propia publicación de la Cancillería, varios usuarios han recordado el incidente. “¿Experto en arrebatamiento de teléfonos?”, ironizó Godofredo Morales. “Yo pensaba que era ‘experto’ en arrebatar celulares y en hacer papelazos en la ONU”, comentó Frank Guillén.

Más severa fue Iliana Valdés Dorta: “Este señor demostró una gran falta de respeto, mala educación y un comportamiento totalmente inapropiado”. Y añadió: “Representar a un país ante la ONU exige educación, respeto y diplomacia”.

La exaltación de este tipo de incidentes tiene una larga tradición en la “diplomacia” castrista. Ya en 1960, Raúl Roa García, entonces ministro de Relaciones Exteriores, se ganó el sobrenombre de “Canciller de la Dignidad” tras protagonizar un enfrentamiento diplomático y abandonar una reunión de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en San José de Costa Rica. Desde entonces, la propaganda oficial ha convertido numerosos episodios de confrontación en supuestas demostraciones de firmeza revolucionaria. Más de seis décadas después, los gritos, los golpes sobre las mesas y el intento de arrebatar un teléfono vuelven a ser presentados como motivos de orgullo institucional.

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