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Un miembro del Movimiento San Isidro pide asilo en el aeropuerto de Zúrich

Alfredo Martínez cuenta a '14ymedio' su salida de Cuba, tras años de hostigamiento del Gobierno

El reportero y activista Alfredo Martínez Ramírez. (Cortesía)
Luz Escobar

23 de noviembre 2021 - 15:42

La Habana/A estas horas, el reportero y activista cubano Alfredo Martínez Ramírez tenía previsto estar abandonando el aeropuerto de Zúrich, donde llegó el pasado jueves, para ingresar en un centro de refugiados de Suiza, el país en el que ha solicitado asilo tras meses de persecución y hostigamiento en Cuba. Sin embargo, tendrá que esperar hasta finales de esta semana, según le acaban de informar las autoridades suizas.

Martínez no es uno de los rostros visibles de la oposición cubana, pero ha sido un miembro activo y querido por sus compañeros, y este domingo recibió desde el exilio las felicitaciones de cumpleaños de los miembros del Movimiento San Isidro (MSI), con el que colabora desde 2019.

"Ahora tengo que probar toda la represión en mi contra. En estos momentos estoy en el refugio del aeropuerto y de aquí me van a llevar al refugio de la ciudad. Mañana se cumple el quinto día desde que estoy aquí y el proceso de asilo demora cinco meses", contó el activista este lunes a 14ymedio.

"En estos momentos estoy en el refugio del aeropuerto y de aquí me van a llevar al refugio de la ciudad. Mañana se cumple el quinto día desde que estoy aquí y el proceso de asilo demora cinco meses"

Martinez tenía el billete a la libertad desde febrero, pero la pandemia frustró su salida en numerosas ocasiones. Por fin, el pasado jueves, subió en un vuelo desde La Habana que, tras una breve escala en Cancún, lo dejó en el Aeropuerto de Kloten, donde la policía de inmigración dio curso a su solicitud. "Me tuvieron como tres horas en una sala chequeando todos mis datos, mis antecedentes penales, se llevaron todos mis documentos, ahora mismo estoy sin pasaporte ni carné de identidad. Tengo un papel verde, que es un permiso para estar sin documentos en el aeropuerto", explica el activista vía telefónica.

Aunque describe la situación como "terrible", afirma encontrarse bien y correctamente atendido. "Me han tratado muy bien. He tenido cama y comida, pero fue difícil, tuve que explicar al detalle qué era lo que hacía en Cuba", relata.

Su primera detención en Cuba se produjo el 10 de octubre de 2020, durante un concierto contra la violencia policial en el que, precisamente, fue arrestado por agentes que lo arrastraron por todo San Isidro a lo largo de cinco cuadras antes de llevarlo a la estación de Marianao. "Fue la primera vez que conocí al agente Darío".

No era, sin embargo, su primer encuentro con las fuerzas del orden cubanas, a las que había conocido como víctima colateral. Su pareja era periodista independiente, lo que empezó a ponerle en aprietos. Entonces, perdió, por ejemplo, su vivienda de alquiler.

La práctica de presionar al arrendador para que finalice el contrato con un arrendatario de la oposición ha sido no poco habitual en Cuba. A él le tocó en dos ocasiones, la segunda cuando compartía casa con la curadora de arte Anamely Ramos, con quien también colaboraba en un proyecto que pedía la liberación del activista encarcelado Silverio Portal. Involucrarse en el grupo de prensa del Movimiento San Isidro fue lo que, definitivamente, supuso un punto de inflexión en su vida.

"Me tocó ayudar a mis amigos, a Katherine [Bisquet], a Camila [Lobón], a Carolina [Barrero], a la que conocí hace 10 años, cuando ninguno de nosotros pensaba hacer este tipo de activismo político, y me lo tomé como algo muy personal", dice.

El 27 de noviembre, cuando ya era colaborador de la publicación independiente Tremenda Nota, participó en la protesta delante del Ministerio de Cultura y fue uno de los 30 escogidos para participar en una reunión que las autoridades vendieron como voluntad de diálogo. Desde entonces, su compromiso se convirtió en una prioridad.

"Estuve en el grupo de ayuda a los presos políticos, llevando comidas para la campaña 'Donde tú caes yo te levanto', medicinas para el botiquín médico del MSI y mantener a mis amigos comunicados y alimentados. Eso me costó muchísimo, porque a la Seguridad del Estado le molestaba que yo estuviera ayudándolos", cuenta, y añade que trataron de impedirle en múltiples ocasiones que visitara a Carolina Barrero. "No me iban a arrebatar una amistad de tantos años. ¿Cómo no ir a ayudarla si estaba sola y sé que lo estaba pasando mal? Más de 200 días estuvo sitiada, sin comida, sin nada, cómo voy yo a dejarla sola en eso", recuerda.

"En ese arresto me hicieron firmar una carta en la que yo debía renunciar a todo el activismo y a pasarles información, algo que denuncié al salir"

Ya entonces, cuando acumulaba varias detenciones, compró un billete para salir de Cuba el 8 de febrero, pero a las restricciones por el covid-19 se unió otra cuestión. El 27 de enero fue detenido ante el Ministerio de Cultura cuando la policía disolvió violentamente el plantón que realizaban varios artistas tras rendir homenaje a José Martí en la víspera del 168 aniversario de su natalicio.

"En ese arresto me hicieron firmar una carta en la que yo debía renunciar a todo el activismo y a pasarles información, algo que denuncié al salir. Pero yo no podía con esas prohibiciones y rompí todo lo que firmé. Se pusieron muy molestos conmigo, porque yo seguí haciendo mis cosas. Para mí esos papeles no valen nada; firmé en ese momento porque me iba en 10 días", añade.

Tras el 11 de julio, el acoso se trasladó a su familia, a la que la Seguridad del Estado comenzó a presionar para forzar su salida. "No han parado de insistir para que me vaya. Nunca me regularon, incluso insistieron en comprar ellos un boleto, pero yo siempre dije que no, que no quería nada de ellos", explica.

Martínez sale de Cuba convencido de que su perfil bajo ha ayudado a cumplir los objetivos que tenía y, aunque agradece las voces que lideran el activismo, reivindica su lugar. "Siempre me ha gustado estar por detrás de todo, ayudar realmente, sin estar en la palestra, porque no me interesa. No quiero decir cosas que ya están más que dichas, sino llevar a cabo acciones. Ese es mi objetivo".

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