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Calabazas, esqueletos y apagones: Halloween a la cubana

Halloween

La fiesta gana seguidores entre los jóvenes, que celebran entre disfraces y telarañas mientras la oscuridad de los barrios no necesita efectos especiales

En el bulevar de San Rafael, en Centro Habana, varios negocios han decorado sus establecimientos para la ocasión. / 14ymedio
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31 de octubre 2026 - 09:13

La Habana/En un país donde los apagones pueden durar días, las casas amenazan con venirse abajo y conseguir comida se ha convertido en una película de suspenso, Halloween tiene una competencia difícil. Los cubanos conocen demasiado bien el miedo cotidiano como para necesitar fantasmas importados. Sin embargo, este 31 de octubre, algunos han decidido cambiar por unas horas sus pesadillas habituales por otras más divertidas. Entre calabazas, esqueletos y telarañas, la fiesta de los muertos gana terreno en una Isla donde el terror rara vez se toma vacaciones.

En el bulevar de San Rafael, en Centro Habana, varios negocios han decorado sus establecimientos para la ocasión. En uno de los comercios, una figura cadavérica cuelga sobre la caja registradora. Calabazas de sonrisas siniestras y telarañas anaranjadas comparten espacio con unos precios que asustan incluso más que los fantasmas de cartón.

La celebración también ha llegado a los espacios culturales. En El Proyecto, una antigua casona de la esquina de 11 y 14, en El Vedado, jóvenes disfrazados del Joker, monjas y otros personajes se reunieron este viernes para celebrar Halloween. El espacio acogió la fiesta mientras el barrio acumulaba unas 30 horas sin electricidad. Las telarañas eran artificiales, pero la oscuridad resultaba completamente auténtica.

Una maquilladora trabajaba alumbrándose con una lámpara de mesa y los organizadores recurrían a un inversor para mantener funcionando los equipos. La administradora, Érica Martínez, explicó que el lugar surgió hace aproximadamente un año para ofrecer a los jóvenes una oportunidad de desconectar de la realidad. Mantenerlo abierto, reconoció, resulta cada vez más difícil: cuando la electricidad apenas aparece, deben reducir la iluminación para conservar las proyecciones cinematográficas y los conciertos.

Calabazas de sonrisas siniestras y telarañas anaranjadas comparten espacio con unos precios que asustan incluso más que los fantasmas de cartón. / 14ymedio

Marcos Dulzaides, un fisioterapeuta de 22 años que aprovechó su profesión para disfrazarse de médico, contó a EFE que estas celebraciones se han popularizado entre su generación, pese al calor y la falta de recursos. El joven insistió en que Halloween no puede pasarse por alto. En un país donde tantas cosas se suspenden por falta de combustible, electricidad o presupuesto, encontrar una excusa para divertirse parece ya un pequeño acto de resistencia.

La programación habanera incluye además fiestas de disfraces, conciertos y sesiones de música electrónica. Según la cartelera cultural de la capital, para este sábado se anuncian celebraciones en Tempo, con entradas de 2.000 pesos, y en el Ateneo de La Habana, por 500. El precio de la diversión tampoco es precisamente de fantasía para quienes dependen de un salario estatal.

El avance de Halloween, sin embargo, no es bien visto por las autoridades culturales. En 2019, el ex ministro Abel Prieto incluyó los disfraces de esta celebración entre los símbolos estadounidenses utilizados por negocios que buscaban atraer clientes. En su artículoLo yanqui y lo moderno, publicado en Granma, vinculaba estas prácticas con la influencia cultural de Estados Unidos. En diciembre de 2021 volvió a lamentar ante los diputados la creciente popularidad de Halloween entre los adolescentes cubanos.

La preocupación venía de antes. En 2014, el periodista oficialista Pedro de la Hoz cuestionó en Granma que establecimientos estatales organizaran fiestas de Halloween. Consideraba que las instituciones encargadas de preservar la identidad nacional no debían promover una asimilación “neocolonial” de costumbres extranjeras. Al parecer, para ciertos guardianes de la cultura, un vampiro estadounidense puede resultar más peligroso que un edificio en ruinas.

Un cartel anuncia desde hace días un Fiesta del Terror para la noche de este sábado en el Salón de los Embajadores del hotel Habana Libre. / 14ymedio

Pero incluso dentro de la prensa oficial aparecen posturas más tolerantes. En octubre de 2025, Radio 26, de Matanzas, proponía celebrar un Halloween con identidad nacional: disfraces del Güije o la Madre de Agua, tambores batá y calabazas rellenas de congrí. Una fórmula para reconciliar las tradiciones cubanas con una fiesta que ya ha encontrado seguidores entre los jóvenes.

A pesar de la reticencia oficial, la celebración ha terminado por imponerse hasta en los locales estatales. Un cartel, en la céntrica esquina de L y 23 de El Vedado habanero, anuncia desde hace días un Fiesta del Terror para la noche de este sábado en el Salón de los Embajadores del hotel Habana Libre, a pocos metros del Instituto Cubano de Radio y Televisión desde donde se han difundido algunas de las diatribas más furibundas contra esta festividad. 

Mientras tanto, la realidad se empeña en superar cualquier escenografía. Este viernes, numerosos barrios habaneros acumulaban más de 40 horas sin corriente. La falta de agua, los alimentos que se echan a perder y los negocios paralizados forman parte de un repertorio de horrores bastante menos entretenido que una película de zombis.

En otros países, Halloween termina cuando llega la medianoche y los monstruos regresan al armario. En Cuba, los disfraces se guardarán, pero los apagones, las colas y los edificios apuntalados seguirán donde estaban. El problema no es que los cubanos celebren una noche de terror, sino que al amanecer las pesadillas continúan.

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