Vecinos de Cancún culpan a los migrantes cubanos del aumento de robos
Crisis Migratoria
No hay pruebas y es un problema de xenofobia, explica un abogado
Ciudad de México/Un grupo de habitantes de la Supermanzana 23, en el centro de Cancún, quiere expulsar a cerca de 300 cubanos a los que culpan de la serie de robos con violencia en las últimas semanas. “Son una amenaza”, afirma a 14ymedio José Bello García, uno de los habitantes del municipio Benito Juárez. La acusación ha sido refutada por el abogado José Luis Pérez: “¿Cómo pueden culpar a los deportados sin pruebas. No dan las cifras?”.
El letrado subrayó que en marzo pasado en la región se presumió una baja sostenida en los delitos de alto impacto. “El total de robos se ubicó en 55 casos, lo que representa una disminución del 30,38% respecto a 2025 (79 casos) y una caída aún más pronunciada frente a 2023, cuando se registraron 121”.
De acuerdo a cifras de la Fiscalía estatal, al cierre del año pasado, el municipio registró una alta incidencia delictiva, con 314 personas procesadas por “delitos contra la salud (134), violencia familiar (28) y robo (18)”. El 74,1% de los habitantes se sentía inseguro. Un año antes (2024), las autoridades realizaron 11 operativos en los que se detuvo a 13 integrantes del Cártel de Sinaloa, cuyos líderes, Joaquín Guzmán, alias El Chapo, e Ismael Zambada, alias El Mayo, enfrentan cargos por narcotráfico en EE UU. Los delitos de mayor impacto fueron la venta de droga con la captura de 3.258 personas y otros 214 extorsionadores.
Pérez atribuye la protesta del miércoles a la xenofobia de los manifestantes. “En Cancún hay cerca de 5.000 cubanos, entre quienes tienen regularizada su situación migratoria, algunos con procesos pendientes ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y cerca de 100 deportados por EE UU. No puedes atribuir a estos últimos la violencia y menos sin pruebas. No hay denuncias”.
Bello reconoció que hace años llegaron varios cubanos, “gente tranquila que establecieron negocios”, pero los deportados “son agresivos” y “la última oleada que llegó, esos son los indeseables que sacaron de EE UU y que vienen con todas las malas costumbres de allá, como de la Isla”, insistió.
El miércoles pasado un grupo de manifestantes se concentró con pancartas frente al Palacio Municipal. “La inseguridad ya rebasó” a las autoridades, aseguró Bello y denunció: “llamamos al 911, pero no llegan, aunque esperemos una hora”.
Los inconformes han difundido en redes sociales altercados con cubanos. Además, retomaron el arresto, el pasado lunes, de Wvaly, un migrante de la Isla que se trasladaba en una motocicleta sin placas de circulación. La semana pasada las autoridades detuvieron Yoexy, un fugitivo con antecedentes en Florida por el delito de conspiración para la distribución de sustancias controladas.
Oliver, uno de los miles de migrantes con formulario I-220A expulsados por EE UU y abandonados “sin documentos ni dinero” en Tapachula, se estableció unos meses en Cancún, pero tuvo que abandonar la región “porque había muchos asaltos”. Aunque supo que algunos cubanos han sido detenidos por venta de droga y robos en casas, no son los únicos, hay mucha gente de fuera que “están fajados” en la Supermanzana 23.
En Cancún hay cerca de 5.000 cubanos, algunos con procesos pendientes ante la Comar y cerca de 100 deportados por EE UU
De acuerdo con el director de la bolsa de trabajo y proyectos especiales y de la Federación de Estudiantes en Benito Juárez, Ricardo Paredes, el año pasado un 5% de 16.000 personas que acudieron a alguna de las 14 ferias de empleo que se realizaron en 2025, “fueron cubanos y venezolanos”.
El abogado Pérez subrayó que la cifra de cubanos que buscan un ingreso a través de un trabajo formal se ha visto limitada por la lentitud del Instituto Nacional de Migración y de la Comar en los procesos de regulación. “Los hoteles, que es donde hay mayores fuentes de empleo, les piden a los migrantes una Visa de Residencia Temporal, que no tienen”.
Ante la inseguridad, la falta de trabajo y la tardanza en los trámites migratorios para regularizar su situación, Oliver se trasladó a la ciudad de Acuña, fronteriza con EE UU. El cubano rentó un cuarto cerca del Río Bravo, lo que le permitió saber la hora de los patrullajes de la Policía y los recorridos de agentes de Migración. Pese a que fue trasladado en vuelo de EE UU a México, intentó cruzar de nuevo, con otras cinco personas, ya que –asegura– no firmó nada. Pero “la Policía nos correteó y agarraron a cinco, yo logré escapar”.
Oliver nuevamente decidió moverse y se dirigió a Apodaca, donde trabaja como mecánico. El hombre permanece en la incertidumbre en México, por lo que está buscando a un abogado que lleve su caso, “porque tengo todo hecho allá” en EE UU.
En definitiva, afirmó el defensor, “no son los cubanos” los culpables de los robos, “tampoco de una invasión”. Pérez recordó que cientos de estos deportados “sobreviven sin dinero y sin documentos y el Gobierno de México los deja en el limbo”.