La policía política cubana quiere imputar a Camila Acosta el mismo delito que a Anna Bensi
Cuba
La periodista independiente explicó que durante su arresto fue acusada de haber provocado una agresión a la madre del miembro de la Seguridad del Estado al que grabó la pasada semana
Madrid/La periodista independiente Camila Acosta denunció este miércoles haber sido víctima de un secuestro por parte de la Seguridad del Estado, que la detuvo la tarde del martes. Durante ocho horas, permaneció en la estación policial de Playa, de la que salió con un acta de advertencia por haber grabado un video en el que se identificaba a un agente que le impidió salir de su casa el pasado 28 de octubre.
El arresto se produjo en las inmediaciones de su domicilio mediante un operativo conjunto de oficiales vestidos de civil y policías uniformados. Según relató la reportera, los agentes intentaron impedir que utilizara su teléfono. “Este fue uno de los oficiales de la Seguridad del Estado que me detuvo sin orden judicial, que me secuestró, literalmente me secuestró porque hubo un momento que yo tuve que gritarle a los vecinos: ‘Por favor, avísenle a mi esposo que me están llevando’”, ha contado en una transmisión directa en redes sociales en el que ha vuelto a mostrar las imágenes de otro agente.
Acosta explicó que durante su arresto fue acusada de haber provocado una agresión a la madre del miembro de la Seguridad del Estado al que grabó la pasada semana, algo que, a su juicio, usaron para predisponer a los vecinos en su contra. “Fue un show, todos los vecinos ahí mirando... Hubo un momento que las vecinas empezaron a decir: ‘No le pongan las esposas, no le hagan eso, ella es una persona decente, ella no es ninguna delincuente’. Y es cuando el oficial dice: ‘Por culpa de ella le dieron una golpiza a la madre de un revolucionario’. Todo es mentira, todo esto es para humillarnos y difamarnos ante nuestra comunidad”, sostuvo.
Era la primera vez en su vida que la esposaban y agregó que, aunque no le apretaron las esposas, llegó a la estación de Policía con dolor en las muñecas
La reportera, que ha sido detenida en numerosas ocasiones a lo largo de los años, afirmó que era la primera vez en su vida que la esposaban y agregó que, aunque no le apretaron las esposas, llegó a la estación de Policía con dolor en las muñecas. Allí tuvo que esperar, al sol, durante largos minutos hasta que fue conducida al interior e interrogada por un teniente coronel identificado como Luis Miguel y el agente que la detuvo. En la conversación, ambos explicaron a Acosta que la difusión –que la periodista imputó a CubaNet, medio para el que trabaja– del video puede ser constitutivo de un delito contra la intimidad del funcionario. Estos hechos son los mismos por los que hace un mes fue condenada a dos años de limitación de libertad la activista Anna Bensi.
Acosta discutió con los agentes que la interrogaban, a los que preguntó insistentemente por qué el oficial del video le había impedido salir de casa y con qué derecho podían limitar su libertad de movimiento sin siquiera una orden, pero ellos afirmaron que sí tenían potestad para hacerlo. “Ese oficial de la Seguridad del Estado no se identificó, estaba vestido de civil. Yo salí de mi casa, no sé si es un matón, no sé si es un delincuente, no sé si es un drogadicto… Porque que venga un tipo aquí a mi casa así yo no tengo que acatar esa orden”, reivindica.
La reportera asegura que la filmación se produjo como método de defensa ante la violación sistemática de derechos humanos que sufren quienes, como ella, confrontan al régimen. Además, y ante la exigencia de que esos hechos no volvieran a producirse, Acosta afirmó a los agentes que lo repetirá cuantas veces sea necesario.
“Cuando es un Estado el que está contra el individuo, eso es terrorismo de Estado. Y yo insisto: lo he hecho hasta ahora y lo voy a seguir haciendo. Cada vez que me planten una patrulla y un oficial que no tenga orden ni justificación me impida salir, los voy a grabar porque ese es mi respaldo, mi única garantía”, insistió.
Acosta salió a las ocho de la noche de la estación, después de poder hablar con su esposo para que pasara a recogerla
Acosta salió a las ocho de la noche de la estación, después de poder hablar con su esposo para que pasara a recogerla –la activista denuncia que hasta última hora no se le permitió telefonear a nadie– y le fue entregada un acta de advertencia que, si bien no supone antecedentes, sí es un riesgo si la conducta se reitera, pudiendo dar lugar a la apertura de una causa.
La periodista asegura que, durante las horas que pasó en el calabozo, los agentes mencionaron la posibilidad de atribuirle distintos delitos, desde actos contra la intimidad personal a actividades contrarrevolucionarias e instigación a delinquir. “No se ponían de acuerdo en cuál delito aplicarme”, ironiza.
Además, afirma que su teléfono móvil fue destruido con algún tipo de ácido o similar. “Tenía como un líquido verde, como grasiento. De hecho, la carcasa todavía lo tiene por las esquinas. La mejor venganza que pudieron tener fue romperme el teléfono, porque ahora estoy sin él. Ahora mismo me estoy comunicando solamente por la laptop pero ya ya tendré otro”, contó.
Durante las horas que estuvo en custodia, Acosta se negó a comer y beber nada, por temor –afirma– a lo que le pudieran dar. También advierte de que las condiciones –amén de la oscuridad– eran, como poco, insalubres, y no descartó en los días venideros desarrollar alguna enfermedad por la picadura de alguno de los muchos mosquitos que la rodearon en la celda. “Yo insisto agradecerles a todos los que se preocuparon, los que estuvieron pendientes de la detención. La visibilidad en las redes sociales sí funciona y es el único respaldo realmente que tenemos nosotros cuando estamos allá adentro solos en una celda semioscura, sin ninguna protección, totalmente indefensos y vulnerables”.