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La fiebre mundialista reaviva la pasión por el fútbol en Matanzas

Deportes

“Alguien se dio cuenta de que con dos piedras y un balón medio inflado se puede jugar, mientras que el béisbol exige una logística mucho mayor”

A pesar de sus jornadas laborales, Alain saca tiempo para jugar al menos dos veces por semana / 14ymedio
Pablo Padilla Cruz

24 de julio 2026 - 04:40

Matanzas/Con el silbato del árbitro esloveno Slavko Vinčić decretando la victoria de la selección española sobre el combinado albiceleste argentino, concluyó oficialmente la Copa Mundial de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) 2026. Fueron 40 días intensos en los que el planeta entero giró al compás de la esférica, pero el cierre de esta cita máxima no significa, ni mucho menos, que el balón deje de rodar en las esquinas más insospechadas del mapa.

Bajo el sol de julio en Matanzas, la fiebre mundialista actúa como un catalizador definitivo. No importa el calor sofocante ni la escasez de instalaciones: los jóvenes salen estos días a la calle con el impulso irrevocable de patear una pelota.

En un terreno improvisado junto al viaducto de la ciudad, un grupo de muchachos se organiza rápidamente para jugar un cinco contra cinco. El espacio no admite más competidores por partido. Mientras aguardan su turno en la banda, conversan sobre sus vivencias, sus sueños y la áspera realidad que cerca al fútbol en la Isla.

“Hace mucho tiempo que el fútbol le ganó la partida al béisbol en esta provincia”, cuenta Danny, estudiante de Ingeniería, aludiendo al deporte nacional por excelencia. “Alguien se dio cuenta de que con dos piedras y un balón medio inflado se puede jugar, mientras que el béisbol exige una logística mucho mayor”. Y lamenta: “Es una lástima que no exista un terreno medianamente decente; la mayoría son pedazos de hierba que el propio uso estropea muy pronto. Hoy jugamos aquí, el mes que viene del otro lado del puente, y así vamos”.

"Hoy jugamos aquí, el mes que viene del otro lado del puente, y así vamos”

Preguntado por si piensa que se puede ser futbolista profesional en Cuba, sonríe con una mezcla de escepticismo y ternura: “Ni los de la selección nacional son profesionales”. El joven discurre: “Nunca me he puesto a pensar cómo un niño puede convertirse en futbolista aquí más allá de ingresar a la Escuela de Iniciación Deportiva (Eide). Pero estoy seguro de que, si no emigra, terminará vendiendo los tacos que le den si llega al equipo nacional”. Se han dado muchas historias así, relata: “Hace años, un futbolista cubano no pudo intercambiar su camiseta al finalizar un partido internacional porque era la única que tenían para todo el torneo, imagínate”.

La práctica del fútbol callejero en Cuba ha crecido exponencialmente en la última década, superando en participación recreativa juvenil a las disciplinas de bate y pelota debido a su bajo costo logístico.

Yerall vivió en Alemania hasta los 16 años, donde practicó el deporte rey. Su perspectiva compara directamente la estructura europea con la realidad cubana. “Practicar fútbol en Alemania es tan fácil como inscribirte en el club de tu escuela. De ahí en adelante, el crecimiento depende de tus habilidades y del interés que le pongas; si lo haces bien, no existe un tope”, narra. “Fíjate si es así, que llegué a jugar un partido contra Thomas Müller, el campeón del mundo, de tú a tú”. Lo cuenta sonriendo, antes de contrastar con la realidad local.

La práctica del fútbol callejero en Cuba ha crecido exponencialmente en la última década. / 14ymedio

“Aquí en Cuba, por desgracia, solo se juega para salir de la rutina. Hay muchísimo talento, pero los muchachos no pueden dedicarse a darle patadas a un balón; muchos tienen que sostener sus hogares y el apoyo estatal es mínimo, incluso si lo comparamos con el que recibe un pelotero, que tampoco es el adecuado pero sí superior”, estima.

Otra cuestión dramática son las instalaciones. “Y no las comparo con Alemania”, dice Yerall. “Un terreno de categorías inferiores en Ecuador está en mejores condiciones que el Pedro Marrero, que viene siendo el estadio nacional”.

¿Ven estos muchachos a Cuba en un Mundial? “Con los niveles actuales de preparación, no”, asevera rotundo el joven. 

Según un informe de la FIFA correspondiente a 2023, la organización invirtió ocho millones de dólares en la Isla entre 2016 y 2022, sin que conste una mejora de las condiciones para quienes juegan al fútbol en el país. El plan inicial, según aquel reporte, era enviar 11 millones a la Isla, pero finalmente solo se aprobó el 70,6% de las peticiones de inversión. Los fondos, supuestamente destinados al desarrollo de infraestructuras, torneos locales y cantera infantil, nunca se reflejaron en los terrenos de juego comunitarios.

“En la ciudad, los pocos terrenos están totalmente descuidados”, dice Alain, otro entusiasta del balompié. El joven recuerda cómo hace un año, en el terreno de la Escuela de Perfeccionamiento Atlético provincial, una portería se le vino encima a un muchacho de unos 16 años que jugaba allí, causándole la muerte al instante

“En la ciudad, los pocos terrenos están totalmente descuidados”

Por otro lado, discurre, al Inder (Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación) “parece no interesarle el fútbol en la provincia: hace una década que no se organiza una copa interbarrios, que era donde jugaban los mejores y de donde captaban talentos para la reserva nacional. Así nunca vamos a tener un ídolo ni regresar a un Mundial”.

A pesar de sus jornadas laborales, Alain saca tiempo para jugar al menos dos veces por semana. Desde su perspectiva de aficionado, analiza la situación: “Hay personas que aman jugar desde niños y, cada vez que hay un Mundial, aumenta la afición”. Esta Copa del Mundo, prosigue, fue complicado, “por la situación del país”. En su caso, vio la final en un bar, y había personas que se reunieron a verla en la pantalla de un celular por los problemas con el fluido eléctrico.

“Como sea –concluye Alain– después de ver a tu selección, tú también quieres ser una estrella. Y ahí aparece el primer gran problema, porque no vemos la nuestra por ningún lado”. La única presencia de un equipo nacional en una Copa Mundial de la FIFA se remonta a la edición de Francia 1938, donde alcanzaron los cuartos de final.

Cuando el sol comienza a ocultarse sobre el viaducto de Matanzas, el sudor brilla en los rostros cansados de los muchachos. / 14ymedio

Cuando el sol comienza a ocultarse sobre el viaducto de Matanzas, el sudor brilla en los rostros cansados de los muchachos. El sonido seco del balón raspando el concreto resuena en el aire fresco de la tarde. No hay graderías ni césped impecable; no hay marcadores electrónicos ni cámaras transmitiendo, las porterías son solo dos piedras gastadas sobre la hierba marchita.

En el preciso instante en que el balón rueda, todas las carencias se disipan. Desaparecen las sombras de la crisis, los apagones intermitentes y las promesas rotas. Por unos minutos, o hasta que la luz del día se extinga por completo, ese terreno gastado se convierte en el mismísimo Maracaná o el Bernabéu.

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