¿Por qué los obispos cubanos no apoyan a los perseguidos como en Nicaragua?

En esta carta dirigida a la jerarquía católica de la Isla, el autor reprocha a la Iglesia de haber perdido la fe en que se puede expulsar al comunismo. 

Ante todo pido a Dios que mis palabras sean acogidas como las envío, con humildad y deseos de bien, con ansias de construir un camino desde la fe en Cristo que nos libera del Mal y nos invita al Amor.

Soy laico católico desde niño, hijo de la Iglesia y convencido que moriré en ella. Hoy siento un orgullo inmenso de la fe que practico, agradezco a Dios la oportunidad que tuve de prepararme con sacerdotes diocesanos, dominicos y jesuitas, al menos conocer un poco de sus historias, carismas y misiones. Aunque las "particularidades" de las órdenes en Cuba a veces no fueron de mi total agrado, mediante ellas se hizo más fuerte mi amor por Jesús.

Para nadie es un secreto que el comunismo agravó los males que existían en Cuba y agregó otros mayores. Con la llegada de la hoz y el martillo se trató de sacar a Dios del corazón de los cubanos

Para nadie es un secreto que el comunismo agravó los males que existían en Cuba y agregó otros mayores. Con la llegada de la hoz y el martillo se trató de sacar a Dios del corazón de los cubanos, fueron expulsados religiosos, se cerraron iglesias, se expropiaron locales, se persiguió a los cristianos y comenzó un proceso de segregación en la sociedad; la Iglesia cubana empezó a vivir un éxodo, bregar que aún no termina. Pero los valientes obispos de aquellos años, como verdaderos pastores de su pueblo, supieron hacer frente a aquella hecatombe y dejaron claro cuál era la postura de la Iglesia católica cubana para con el régimen ateo que se erigía e iba dando muestras de su esencia perversa.

A partir de esos momentos fuimos Iglesia en catacumbas, pues los fieles tenían que asistir casi a escondidas a misas (según testimonios).

El régimen cubano se declaró Estado laico hacia 1992, pero no fue hasta 1998 con la visita a Cuba del Papa Wojtyla (Juan Pablo II) que un proceso de apertura iba tomando forma y la Iglesia salía un poco de la oscuridad forzosa. Recuerdo a mi papá por aquellos años ayudando junto a otra persona en la pastoral penitenciaria; a nuestras manos llegaban volúmenes de la otrora revista Vitral, boletines de plantados y noticias sobre el Movimiento Cristiano Liberación (MCL), y parecía que la Iglesia tenía al mal agonizando.

Con el paso de los años no sé qué pasó pero todo empezó a derrumbarse, vi como se escribieron artículos negativos sobre el MCL, el equipo de Vitral tuvo que irse y empezar Convivencia, y así todos esos espacios y momentos cívicos-religiosos que iban creciendo dentro de la Iglesia fueron eliminados.

En el caso de mi familia, la persona que nos brindaba las revistas antes mencionadas dejó de hacerlo y pasó a convertirse en mi vigilante y censurador cuando empecé a hacer audiovisuales y activismo por la defensa de los derechos humanos. Ni a las comunidades en los campos donde iba a misionar me permitía ir sol y, si hablaba con algún joven sobre algo de política, esta persona iba luego a preguntarle de qué yo hablaba.

¿Qué socialismo ha progresado? ¿Qué socialismo ha traído alegría? ¿Qué socialismo ha transmitido valores superiores del espíritu?

Hace unas semanas le dije a un amigo que he pensado que la jerarquía católica cubana ha perdido la fe en un cambio viable, ha perdido la fe en que se puede expulsar al comunismo o al menos enfrentarlo con éxito. Mi amigo me contestó: "No es que hayan perdido la fe, sino que nunca han tenido fe en un cambio".

Yo quiero pensar que ambos estamos equivocados. La Iglesia no hace política, pero debe defender el altar de la política.

En Panamá, durante la Jornada Mundial de la Juventud de 2019, tuve la oportunidad de conocer personalmente a Silvio Báez, y cuando leía y observaba el accionar de este obispo y otros prelados nicaragüenses para con el régimen de Ortega, y pensaba en Cuba, verdadero epicentro del mal, dictadura culpable de la decadencia de muchos países de América Latina y exportador histórico de la ideología comunista.

Me entristecía mucho; ¿cómo es posible que los curas y obispos nicaragüenses estén en las calles con las personas, denuncien al régimen de su país, manchen sus albas de sangre socorriendo a activistas golpeados por las porras de los militares, y en Cuba, que sufre desde hace 60 años el comunismo, no vemos (salvo las viejas cartas pastorales y circulares) una denuncia pública de la Conferencia de Obispos Católicos, ni escuchamos que han llamado al Gobierno cubano por su verdadero nombre de tiranía o dictadura? ¿Cómo es posible que prácticamente se puedan contar con los dedos de las manos los sacerdotes que se identifican y acompañan a los perseguidos en Cuba por causa de la justicia? 

¿Será que no han comprendido las palabras de nuestro Félix Varela? Cito: "Yo espero que los alucinados, que hablan de la unión del trono y del altar, no se declararán defensores de una falsa religión y no se atreverán a decirme que mi argumento no tiene fuerza (...). El trono rara vez concede prerrogativas al cuerpo eclesiástico para honrar la Iglesia, por lo regular se intenta esclavizarla comprando los eclesiásticos perversos y engañando a los tontos".

Reconozco que la Iglesia católica ha mediado ayudando a presos políticos y sus familiares y ha facilitado sus salidas de Cuba, pero es casi invisible la motivación a los laicos a comprometerse con la acción política desde la Doctrina Social.

Pregunto: ¿Qué debe hacer un laico católico que vive en una dictadura?

Es absolutamente intolerable que personas de la jerarquía eclesial católica cubana hayan afirmado que en Cuba no hay presos políticos o que desean que el socialismo progrese en la Isla.

Hoy parece que la luz se hace más clara al final del túnel que ha sido Cuba para muchos, hoy parece que sí hay un fin para ese régimen caótico

¿Qué socialismo ha progresado? ¿Qué socialismo ha traído alegría? ¿Qué socialismo ha transmitido valores superiores del espíritu?

Comprendo que en ocasiones, muy diplomáticamente, se arreglan conversaciones para dar soluciones a casos particulares, pero ¿es mucho pedir ver actuar a algún obispo cubano cómo han actuado los nicaragüenses o cómo actuó el presbítero Popieluszko en Polonia?

Recientemente se supo que el arzobispo de Santiago de Cuba fue a visitar a un preso político, pero ¿por qué no se comienza ya a dar uso al ministerio profético? ¿Por qué no piden públicamente por la excarcelación de todos los presos de conciencia en Cuba? Me indigna ver que no hacen eso en la Isla y cuando vienen a Estados Unidos sí piden en el púlpito por Cuba y su libertad.

Con el evangelio y la cruz se separan el trigo y la cizaña, y el comunismo ha sido esa mala hierba que ha plagado de tristezas los corazones cubanos. ¡Arrànquenla ya!

Muchos argumentarán que se puede perder lo que con sacrificios se ha logrado, he escuchado eso cientos de veces, y les digo que solo se va perder lo que con humillación se ha mal logrado. Prefiero una Iglesia pobre, en harapos, que viva de la caridad de sus fieles y sea voz que clama en el desierto y no una Iglesia en letargo y comprometida que peca por omisión.

Hoy parece que la luz se hace más clara al final del túnel que ha sido Cuba para muchos, hoy parece que sí hay un fin para ese régimen caótico, pero si la Iglesia no toma una acción firme y sigue apostando al tiempo, las esperanzas volverán a desvanecerse y el daño antropológico seguirá engullendo cubanos.

Cuba les reclama a gritos que se pongan del lado de los que sufren. Cuba necesita de ustedes hoy más que nunca. 

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NdlR: Juannier Rodríguez Matos nació en Baracoa (Guantánamo) en 1989. Se licenció en Biología en 2015, con una especialidad en malacología. Fue reportero en el medio independiente Palenque Visión. Ha obtenido el asilo político en Estados Unidos el pasado 12 de julio de 2019.

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