Condenado a un año y medio de cárcel por comprar aceite dieléctrico robado
Holguín
En un nuevo juicio ejemplarizante, sentencian a 10 y 8 años de prisión a dos ladrones y a cárcel y trabajo correccional con internamiento a dos compradores
Madrid/La mano dura contra los delitos que atañen al sistema energético nacional (SEN) en Cuba no se aplica solo contra los que los cometen. En Holguín, en un nuevo juicio ejemplarizante, a la vez que a los dos autores del robo de aceite dieléctrico, condenados por sabotaje a 10 y a 8 años de prisión, respectivamente, han sentenciado también a dos compradores, a un año y seis meses y a 10 meses. Los acusan de “receptación del producto”.
En el proceso, del que dio cuenta detallada la prensa oficialista el pasado viernes, quedó establecido que los acusados, Luis Manuel y su tío, Jesús Yusnel, sustrajeron al menos 440 litros de aceite de una subestación situada en la comunidad El Zarzal, del municipio de Urbano Noris. Los hechos ocurrieron, dice la nota de ¡Ahora!, entre los meses de septiembre y octubre de 2024 “de forma recurrente”.
Es decir, un año y medio antes de que el régimen cubano decretara la guerra a este tipo de delitos, espoleados por la crisis energética que se ha recrudecido desde principios de año, con la intervención de EE UU en Venezuela y el posterior bloqueo petrolero a la Isla.
"Se posicionó debajo del transformador, retiró el tapón y comenzó a extraer el aceite dieléctrico, como si tal acción fuera 'pan comido'"
El relato de los “hechos probados”, sin embargo, parece referirse a un solo suceso. “Con la ayuda de su tío Jesús Yusnel, de 33 años de edad, Luis Manuel penetró la cerca perimetral de la subestación eléctrica, se posicionó debajo del transformador, retiró el tapón y comenzó a extraer el aceite dieléctrico, como si tal acción fuera ‘pan comido’, sin calcular riesgos y menos pensar que sabotear ‘la luz’ se castiga”, se lee en ¡Ahora!, que añade que el producto fue trasladado “en bicicleta y carretón”.
“El impacto sobre la población fue inmediato”, asevera el diario, mezclando tiempo pasado y presente, pues la subestación afectada “brinda servicio a más de 4.000 clientes”. Si bien reconoce que “la línea ya presentaba afectaciones por el déficit de generación propio de la crisis energética que golpea al país”, el “acto de sabotaje” provocó que “el apagón se prolongara por más de 24 horas”. Y concede: “En aquel entonces los cortes eléctricos eran menos intensos”.
La Fiscalía fincó la acusación por “sabotaje de carácter continuado” en el artículo 10 del Código Penal de 2022, que establece “sanciones de siete a quince años de privación de libertad para quien, con el propósito de impedir u obstaculizar el normal funcionamiento, o a sabiendas de que puede producirse ese resultado, destruya, altere, dañe o perjudique los medios, recursos, edificaciones, sistemas, instalaciones o unidades socioeconómicas o militares destinadas a garantizar las fuentes energéticas y de transmisión de energía”.
El Tribunal Provincial de Holguín, no obstante, aplicó atenuantes a los procesados, por “la colaboración con la investigación y el arrepentimiento mostrado”. Luis Manuel, señalado como autor material del sabotaje, fue condenado a 8 años de cárcel, teniendo en cuenta tanto su edad –19 años en el momento de los hechos– como su ayuda en “la reconstrucción de los hechos”. Jesús Yusnel, de 33, por su parte, fue sentenciado a 10 años de prisión.
"Ninguno de los dos se personó ante las autoridades para informar sobre el producto adquirido una vez sospecharon de su procedencia"
En cuanto a los “receptadores”, son Yordan, de 44 años, quien compró “ocho pomos de 20 litros de aceite” a 4.500 pesos cada uno, “con el fin de usarlo en un transporte automotor pensando que era petróleo”. Este, a su vez, vendió 40 litros a Adrián, chofer estatal de la Empresa Constructora del Poder Popular de Holguín (Domus), de 39 años. Él “compró el producto con el interés de realizar un viaje a Levisa, Mayarí, contratado por una mipyme para vender productos congelados, esto último debidamente autorizado y documentado”.
Así, se entiende que ninguno de los dos era plenamente consciente del origen del falso diésel. Sin embargo, se decretó en el juicio que “ninguno de los dos se personó ante las autoridades para informar sobre el producto adquirido una vez sospecharon de su procedencia cuando vieron movimientos policiales en la subestación, y notaron un humo diferente en la combustión de sus transportes”. Por ello, Yordan recibió un año y seis meses de cárcel “alternado con trabajo correccional con internamiento” y Adrián, seis meses de la misma condena.
Según datos de la propia Fiscalía General de la República, entre 2025 y el primer semestre de 2026 se iniciaron más de 460 investigaciones penales relacionadas con hechos similares, bajo las acusaciones de “sabotaje”, “daños”, “robo con fuerza en las cosas”, “hurto” y “receptación”. Todos los juzgados en lo que va de año, de hecho, han sido condenados por el delito de "sabotaje", la mayoría a penas de entre 9 y 20 años de prisión.
La sustracción de aceite dieléctrico de transformadores es el delito predominante, con más de 300 denuncias durante ese periodo en todas las provincias. Según la Fiscalía, las mayores incidencias se registraron en Matanzas, Ciego de Ávila, Mayabeque, Santiago de Cuba y Artemisa. El organismo también reporta robos de angulares de torres de alta tensión, cables, alambres y tornillos de las redes de distribución, además de daños en parques solares fotovoltaicos.
El 87% de los imputados presentados recibió la medida cautelar de prisión provisional, señala el comunicado. Siempre con el mismo tono de advertencia, la Fiscalía recordaba que los artículos 125 y 126 del Código Penal cubano establecen para el delito de “sabotaje” penas de entre siete y 30 años de privación de libertad, además de privación perpetua de libertad o muerte en casos con agravantes.
La nota también lamentaba que algunas personas han muerto mientras intentaban realizar estos hurtos, “debido a que las líneas se encontraban energizadas”. La Fiscalía explicaba que el aceite sustraído ha terminado en el mercado informal para ser utilizado como combustible.